22 Más músculo para los ayuntamientos

Las corporaciones locales tienen que hacer ejercicios de funambulismo cada día para sostener numerosos servicios ajenos a sus competencias que les han caído encima

Ramón Argüelles Cordero
Coordinador de Izquierda Xunida

Quiero comenzar esta modesta colaboración agradeciendo a LA NUEVA ESPAÑA la oportunidad que me brinda de participar en este espacio, lo cual es un honor para un recién llegado, y felicitar a este medio de comunicación, indispensable para Asturias, por celebrar con excelente salud una edad tan señalada. Mi experiencia me indica que no es fácil llegar a los 80 años, pero quienes consiguen hacerlo suelen aportarnos un importante caudal de sabiduría.

Las instituciones municipales, por su cercanía al ciudadano y por su arraigo al territorio, deberían ser un pilar esencial en el desarrollo de todas las políticas públicas. Sin embargo, su enorme potencialidad se ve cercenada por el menosprecio y el maltrato institucional con el que a menudo son tratadas por las otras esferas de la Administración pública. Resulta fácil encontrar en la retórica política expresiones como "pacto local", "construir de abajo arriba", "pensar globalmente pero actuar localmente", pero la realidad es que nunca se ha apostado por fortalecer nuestros ayuntamientos. Al contrario, éstos son empujados cada día un poco más cerca del precipicio.

Muchos de nuestros alcaldes y concejales tienen que realizar auténticos ejercicios de funambulismo político diario para que sus ayuntamientos puedan cumplir a trompicones con sus obligaciones legales. Los que prescriben con una mano nuevas exigencias a las entidades locales son los mismos que cierran poco a poco, con la otra mano, el grifo económico que les permitiría administrar con cierta racionalidad sus recursos. Esto no es de recibo.

Revertir esa dinámica debería ser uno de los desafíos apremiantes de la política asturiana. Aprovechar al máximo las sinergias que se derivarían de un mundo local pujante sería una gran noticia para Asturias.

El Principado tiene muchas asignaturas pendientes en este sentido pero la primera de ellas, y posiblemente la más urgente, es dejar de contribuir activamente al estrangulamiento de los ayuntamientos. Los municipios se han convertido de facto en gestores de competencias que no les son propias por las incapacidades de la Administración autonómica. Deberían por tanto ser tratados con mimo por ésta, pero sucede todo lo contrario. Los planes de empleo social, el plan concertado de servicios sociales y las escuelas de 0-3 años son ejemplos palmarios de esta circunstancia. Convocatorias deficientes, expedientes instruidos a ritmo de caballo del malo, financiación por debajo de lo obligado, pagos que se demoran una eternidad, responsables políticos que sólo conocen el vuelva usted mañana…

Pero no sólo se trata de los ejemplos citados. El que suscribe ha tenido que sufrir en primera persona el trato displicente y soberbio que dispensa el Principado de Asturias a algunos ayuntamientos, no se sabe muy bien por qué, no vaya a ser que lo sea por el diferente color político de sus alcaldes. Se exige al Ayuntamiento de Lena desde hace años que resuelva las carencias de una infraestructura sanitaria de una competencia plenamente autonómica, como es la prestación de asistencia sanitaria primaria en el concejo. Para ello no se ha dudado en paralizar la necesaria adecuación del centro de salud, a la espera de que el Ayuntamiento aceptara un plan leonino que vendría a provocar el colapso de las finanzas de la entidad local.

Nuestra comunidad padece serias dificultades que entorpecen su desarrollo, eso es cierto, pero también lo es que atesora una serie de fortalezas que aún no ha logrado aprovechar suficientemente. Ente ellas se encuentran nuestros recursos naturales y nuestro patrimonio cultural, que son extraordinarios y pueden impulsar mucho más nuestra economía. Pero conseguirlo es imposible si no se implantan herramientas locales potentes y compartidas con la sociedad.

Debilitar a los ayuntamientos conlleva que se atienda peor a los ciudadanos y se dificulte el ejercicio de sus derechos, pero con ello también se ponen palos en las ruedas de uno de los principales impulsores de los planes de futuro que necesita nuestra tierra. Sería mucho más inteligente dotarlos de músculo económico y político. Asturias saldría ganando.