61 Por la (re)instauración de un nuevo paradigma cultural

Acabar con la idea de que las artes son un lujo prescindible, cosa de la élite, para convertirlas en herramientas de dimensión educativa y estratégica capaces de construir identidad, ciudadanía y riqueza

Alfonso palacio
Director del Museo de Bellas Artes de Asturias

El potencial cultural de Asturias es enorme. Y de ello se ha de ser consciente tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. En este sentido, no deja de ser sorprendente que una comunidad autónoma uniprovincial como la nuestra pueda alumbrar, en cantidad y calidad, generación tras generación y en los más diversos órdenes y disciplinas, semejantes conjuntos de creadores, capaces de generar un trabajo continuado de altísimo nivel que nos enriquece, también en los más diversos órdenes, al mismo tiempo que nos hace progresar como seres humanos y nos emancipa.

En esta última línea, en Asturias se debe luchar por acabar de una vez por todas con la idea o sospecha de que, al final, y por mucho que se quiera contraargumentar, la cultura no es más que una práctica meramente ornamental de la que se alimenta, en el más retorcido de los casos, tan sólo una serie de supuestas élites o mandarinatos. Pues esto no es así, o al menos no debería serlo. La cultura, para empezar, y sin rebajar un ápice la dimensión crítica, plural y problematizadora que ésta ha de tener, debería ser una herramienta capaz de construir identidad y ciudadanía, así como, en buena medida, y desde la visibilización y el reconocimiento de los múltiples otros que pueda haber, de contribuir a la cohesión social. La cultura, en definitiva, desde el disenso o el consenso, es un patrimonio común, no un lujo prescindible. Y también es o debería ser, recuperando el espíritu de épocas pasadas, una práctica envolvente, totalizadora y transformadora, que abriera posibilidades de generar empleo y riqueza. En este sentido, su dimensión estratégica e ideológica es enorme. Lo mismo, no podemos olvidar su dimensión educativa, pues se trataría, desde las esferas adecuadas, no sólo de educar y de hacer pedagogía cultural, sino también de formar en los más diversos ámbitos a través de la cultura, lo cual, cuando se hace bien, acaba por convertir a esta última en una de las palancas de cambio más revolucionarias que puede haber.

Para la instauración o reinstauración de toda esta idea de cultura, y para su calado o penetración en el inconsciente colectivo, el papel que han de jugar las instituciones asturianas implicadas en este campo resulta decisivo. Desde ellas debemos contribuir a diseñar, en primer lugar, una política cultural de calidad, abierta e integradora, alejada de la ocurrencia, de la banalización y del espectáculo, y refugio del pensamiento, la reflexión y el bienestar de la sociedad. E igualmente, y esto no es excluyente con respecto a lo anterior, refugio de la experiencia emocional y lúdica, pues no hay que olvidar que la cultura, en estos tiempos tan narcotizados, también puede ser un potente motor de sensaciones que nos ayude a despertar, al mismo tiempo que un gran divertimento, en el más noble sentido de este término.

En segundo lugar, desde las instituciones asturianas debemos contribuir a diseñar una actividad cultural que sea del mismo modo dinámica y dinamizadora, pues toda inacción, y más en tiempo de crisis, resulta reaccionaria, y que muchas veces esté basada en el trabajo en red y colaborativo con otras entidades, agentes o espacios. En este sentido, trabajar en red y trabajar también desde la Red o diversas Redes, con todo lo que ello supone como medio directo para el diálogo, la participación y la transparencia, resulta en este momento fundamental para la construcción de ese nuevo paradigma cultural.

Y, finalmente, tenemos que esforzarnos por crear una actividad y una política cultural que tengan altura de miras y que sean capaces de fabricar las estructuras adecuadas que permitan proyectar nuestro talento más allá de las propias fronteras de nuestra comunidad. No cabe duda de que para todo ello se necesita dotar a las instituciones de más medios económicos y de mayor capital humano que con el que ahora cuentan, pero a pesar de esto, y del clima de recesión que nos acecha, merece la pena apostar plenamente por una de las pocas cosas que nos pueden remover y liberar.