19 Reconquistar el futuro industrial

Los nuevos desafíos económicos obligan a cambiar las relaciones laborales, a reducir las rigideces en las empresas, a cooperar e innovar más y a apoyar al sector fabril con hechos

Guillermo Ulacia Arnaiz
Presidente de FEMETAL

Las circunstancias de un escenario económico internacional inestable y adverso para determinados sectores empresariales han dejado de ser un marco ocasional para convertirse en estable y en el que deben aprender a vivir nuestra economía y nuestras empresas. La crisis sufrida en los últimos años ha dado como fruto un nuevo orden o estructura económica, con nuevos planteamientos que nos invitan a reconquistar el futuro más inmediato asumiendo nuevos retos que nos permitan estar a la altura de las nuevas exigencias. Y en este contexto, la industria en general, y la del metal en particular, se propone evolucionar con la vista puesta en un mañana que requiere incorporarse a una nueva revolución industrial o revolución digital que no sólo es un acelerador de la transformación social, sino que además constituye un impacto ineludible de doble efecto. Por una parte, sobre el tejido productivo, y por otra, una oportunidad para el territorio en su conjunto a través del fortalecimiento de un sector económico con una gran capacidad de generar nuevas actividades.

Asturias es una región con una dilatada vocación industrial, actualmente la industria representa más del 20% de contribución al PIB, superior al objetivo deseado por Europa para 2020, un tejido empresarial basado en un 95% de pequeñas y medianas empresas esperanzadas por integrarse en las principales cadenas globales de valor de la mano de las empresas tractoras y de los campeones locales. Sin embargo, los datos de los últimos años, al menos en el sector del metal de Asturias, muestran una reducción sostenida de la cifra de negocios, que refleja una merma media anual del 7,7% desde 2009; la productividad, con los mismos síntomas, se ha ido reduciendo a una media del 2,5% anual desde que comenzó la crisis; y en lo que se refiere al número de empresas, en los últimos siete años, se ha perdido un 21,4% de la masa empresarial del sector. Sin duda cifras que nos emplazan hacia una desertización industrial a medio plazo. Por tanto, comencemos ahora a darles a las pymes el papel que les corresponde para que se conviertan en actores clave adquiriendo el protagonismo merecido e intensificando sus esfuerzos para incorporarse a las nuevas tecnologías, potenciando la servitización y la adaptación de sus productos y servicios a condiciones de producción altamente flexibles. Los obstáculos empresariales se presentan muy diversificados y esto requiere una actuación coordinada desde los diferentes estratos de la empresa y el ecosistema donde residen, en base a una hoja de ruta que marque las pautas para iniciar una evolución hacia modelos de organización empresarial que contemplen, entre otras cuestiones, nuevos enfoques como la participación de los trabajadores en la propiedad o la transformación de las relaciones laborales. Se trata de que las empresas abandonen la rigidez para asumir una estructura flexible con capacidad y cualificación para dar respuestas a un mercado cada vez más exigente en la capacidad de respuesta de las empresas.

Éste es quizá un paso determinante para recuperar el posicionamiento de liderazgo, pero en este camino hacia la recuperación hay otros actores implicados que deben actuar de forma coordinada, pues resulta imprescindible, en esta reconquista, impulsar los procesos de cooperación para innovar, desarrollar ventajas competitivas y abordar mercados internacionales. Sólo a través de la cooperación entre agentes económicos y sociales, públicos y privados, superaremos las limitaciones del tamaño empresarial, aportaremos productos innovadores y podremos ayudar a nuestra economía, y por ende a nuestras empresas, a superar el denominado "valle de la muerte". O lo que es lo mismo, a desempeñar una labor coordinada para que el conocimiento y la tecnología lleguen al mercado, respondan a las necesidades que nos plantean los retos sociales y se traduzcan en innovación.

Tratamos de plantear un nuevo ecosistema económico y empresarial en el que es necesario aplicar una serie de reformas y adaptaciones en aspectos claves que contribuyen a la competitividad de las empresas. Esto supone además abordar una transformación ineludible del sistema fiscal y financiero para hacer frente al impacto de los retos sociales en el gasto público y seguir impulsando, al mismo tiempo, un territorio y un tejido industrial avanzado que pueda afrontar los cambios, así como retener y atraer los centros de decisión empresariales.

Esta revolución en los objetivos económicos y sociales exige además implicar un nuevo actor que está llamado a realizar una apuesta firme por la innovación en el sector público, tanto en sus estructuras organizativas como en sus relaciones con otros agentes para generar un nuevo sistema de gobernanza multinivel e integradora, que incluya la participación como aspecto clave de los procesos de decisión y que elimine los silos para optimizar el uso de los instrumentos públicos (policy-mix) y una mayor eficacia en la implantación de las iniciativas estratégicas acordadas en la concertación social

En definitiva, si queremos abordar el futuro de Asturias para que ésta sea una región con buena calidad de vida y altamente competitiva en todos sus órdenes, no se puede seguir de brazos cruzados dependiendo de la voluntad de unos pocos para tener unos presupuestos con los que abordar las necesarias reformas expuestas y debemos apostar decididamente por la industria, no sólo con palabras y estrategias sino con hechos y realidades tangibles. Tener una idea para Asturias supone afrontar el reto de superar nuestras propias barreras y establecer las bases para iniciar la reconquista de un futuro cada vez más cercano. Por eso es importante saber qué queremos que sea Asturias y cómo llevarla hasta el lugar que se merece. Yo lo tengo claro, ¿y tú?