14 Recuperar la confianza

Todos -ciudadanos, empresas e instituciones- necesitamos recuperar la confianza como elemento esencialísimo para el funcionamiento de nuestra sociedad

Teresa Sanjurjo
Directora de la Fundación Princesa de Asturias

Los medios de comunicación social, en cuanto promotores del pluralismo informativo, difusores de los valores cívicos vigentes en cada momento histórico y, en último término, actores al servicio de una sociedad mejor y más justa, tienen una esencial responsabilidad en una sociedad democrática. En el ejercicio de la anterior responsabilidad se incardina la iniciativa de LA NUEVA ESPAÑA de, con ocasión de su octogésimo aniversario, recabar opiniones acerca de cómo podría mejorarse y fortalecerse a futuro la Asturias del presente.

En Asturias no es infrecuente escuchar el melancólico y derrotista "cualquier tiempo pasado fue mejor", de nuestro insigne poeta Jorge Manrique. Pues bien, no parece razonable construir el futuro mirando permanentemente hacia el pasado y ocultando prácticamente un presente que también tiene aspectos positivos y esperanzadores. La mejora y el fortalecimiento de la sociedad asturiana, indudablemente, han de partir de un conocimiento certero del pasado y de un diagnóstico crítico del presente para poder así identificar las fortalezas y las oportunidades, las debilidades y las amenazas, con el fin de aprovechar y potenciar las primeras y evitar o acotar las segundas. E, indudablemente, nuestros representantes políticos, a quienes corresponde realizar dicho diagnóstico y diseñar la hoja de ruta que pueda seguir en lo sucesivo la sociedad asturiana, no pueden dejar de tomar en consideración diversos fenómenos y retos tanto globales (p.ej. la revolución tecnológica, el cambio climático o los movimientos migratorios) como locales (p.ej. la despoblación, el envejecimiento, la crisis del medio rural) que tienen y van a tener muy relevantes efectos sobre la distribución del trabajo o de la riqueza, sobre los ingresos y gastos públicos y, en último término, sobre el funcionamiento de la sociedad y el Estado del bienestar que hemos venido disfrutando.

Para solucionar los problemas que, según diagnósticos generalizados, aquejan a las sociedades democráticas contemporáneas o afrontar los desafiantes retos que tienen por delante no basta con la aprobación de un conjunto de normas más o menos acertadas y con el fomento o desarrollo de determinadas actividades, sino que, además, resulta absolutamente fundamental tratar de recuperar la confianza que debe presidir el normal funcionamiento de una sociedad democrática, tanto desde el punto de vista individual como colectivo, tanto en el ámbito público como en el privado, confianza que ha ido reduciéndose con el paso del tiempo. El crecimiento de la incertidumbre, el miedo y la intolerancia, el auge del populismo o el aumento de la corrupción en las sociedades occidentales no se explican únicamente por la crisis económica y financiera sino, en muy buena medida, por la pérdida de la confianza en su funcionamiento y, particularmente, en el de las instituciones responsables de dirigirlas.

La confianza, como muy acertadamente definió Steve Jobs, es el "pegamento de las relaciones y las organizaciones", es decir, un esencialísimo ingrediente para el normal funcionamiento de una sociedad. Pues bien, los responsables políticos tienen, por lo tanto, un deber de fomentarla y de protegerla en todo momento.

En todo caso, la confianza no debe ser desarrollada únicamente en su vertiente pasiva (como "esperanza firme que se tiene de alguien o algo", principal acepción del término según el Diccionario de la Lengua Española de la RAE), sino, además, ha de serlo en la activa, en cuanto elemento estructurador de una sociedad (en cuanto "ánimo, aliento, vigor para obrar", según el propio Diccionario). Los responsables políticos, las instituciones y los ciudadanos debemos promover una y otra confianza en la sociedad asturiana: la esperanza firme en el correcto funcionamiento de la sociedad y de las instituciones que la dirigen y la articulan y, al mismo tiempo, el ánimo y la ilusión por el desarrollo de un determinado e ilusionante proyecto colectivo. Y la confianza no se compra ni se vende: la confianza se gana mereciéndola. Esa es una tarea que nos incumbe a cada uno de nosotros.

Lo anterior exige diseñar un proyecto a largo plazo compartido en lo sustancial por la mayoría de la sociedad que afronte con realismo los importantes retos a los que se enfrenta la sociedad asturiana en los próximos años y décadas y que sea capaz de ilusionarla durante su plazo de vigencia.