64 Rutas de montaña en las que sea imposible perderse

Una red de caminos labrados artificialmente, bien señalizados y mantenidos, para hacer accesibles a todo el mundo y sin miedo alguno parajes maravillosos

Erik Jorge Pérez Lorente
Guía de Montaña

Uno de los recursos naturales que tenemos en Asturias es la montaña.

La alta montaña en los Picos y la cordillera, la media montaña de los cordales interiores que de Sur a Norte bajan hacia el mar, las maravillosas sierras costeras, un fenómeno que se da en muy pocos lugares poblados de la Tierra: montañas de 1.000 metros a 3 kilómetros de la costa.

Una riqueza en sí misma.

Todos los asturianos tenemos un enorme bien social que podemos disfrutar en unas horas al lado de "casa". Eso es deporte, cultura y, en definitiva, riqueza social.

Bien planificado, también es una excepcional fuente de riqueza económica. Turismo de montaña. Sostenible.

¿Está bien planificado su uso social? Nuestros gobernantes dirán que "por supuesto que sí". Faltaba más. Será por eso que se empeñan día tras día, consistentemente, en dificultar el acceso a las montañas. Si no fuese por los miles de asturianos que nos empeñamos en disfrutarlas a diario, ya estaría más que prohibido moverse por ellas. Si no fuese por los cientos de clubes y grupos que se organizan para disfrutar juntos optimizando sus salidas, educando a los nuevos senderistas, el acceso a ese bien social de una forma segura y barata no existiría.

Y como fuente de riqueza, ¿está bien planificado su uso para ese menester? "Por supuesto", volverán a decir nuestros gobernantes.

Ya, claro, qué van a decir.

Pero en mi modesta opinión, ya que la pide este periódico que siempre está buscando soluciones a esta maltrecha Asturias, ni está bien planificado ni mucho menos optimizado.

Una de las ideas que se me ocurren, tras fijarme en cómo lo hacen en otros sitios, más ilustrados que nosotros e incluso con menos "montaña", es hacer sendas en las que sea literalmente imposible perderse. Ahí está una de las claves.

Un problema para recorrer las intrincadas montañas asturianas, especialmente los cordales interiores y las sierras costeras, es que muchos de sus caminos no tienen continuidad sin pérdida, es decir, no están claros en el terreno. La dificultad de seguirlos cuando se llega a un bosque o cuando entra la niebla es lo que desaconseja recorrerlos a muchos visitantes y senderistas.

Un ejemplo: el cruce de la sierra del Cuera, atalaya privilegiada desde donde se contempla la alta montaña y el mar, es inaccesible al común de los senderistas o montañeros poco iniciados (la mayoría de los visitantes que vienen a Asturias) porque una de las vertientes al menos está tan poco señalizada y clara en el terreno, que incluso en un día perfecto de sol echa para atrás a casi todo el mundo.

¿Se imagina alguien que lo conozca lo fácil y a la vez espectacular que sería entrar por Arangas en un camino abierto en el terreno, bien marcado (como la senda Les Xanes, la del Cares, la de Pandébano a Urriellu), llegar a la cima del Turbina, bajar a la Llosa Viango por ese camino labrado en la roca, sin pérdida, subir a la Muezca y ya bajar a la Pereda para llegar a Llanes si se quiere? Lo podrían hacer cientos, miles de personas, que hoy no se atreven por lógica precaución.

Una vez construido ese camino, se podría hacer una travesía de varios días, empezando en el puerto de Panderrueda arriba en León, seguir a Posada de Valdeón, Cordiñanes y Caín, bajar la senda del Cares, seguir a Arenas de Cabrales y acabar cruzando el Cuera. En 2 o 3 días. Sin pérdida. Con gran parte de esa ruta ya abierta y señalizada, sólo con partes en el Cuera por "labrar".

Y en el Sueve, en las sierras del Occidente asturiano, en los cordales interiores que podrían ser cruzados de un lado a otro, una red de caminos labrados artificialmente, bien señalizados y mantenidos, no como ahora, donde los caminos muchas veces no tienen continuidad.

Es una idea, ni nueva ni imposible, pues ya está hecho en algunas zonas.

El efecto sobre el turismo de montaña sería notable. Gente de todos los niveles montañeros que acudiría sin miedo. Con menos estacionalidad. Alojándose, comiendo, tomando cafés y comprando queso (¿no es eso el turismo para una zona?), y con efecto sobre el empleo, con la creación de infraestructura primero y de mantenimiento después. Es sólo una idea.

Que Dios y los conservacionistas me perdonen. Pero que recuerden (los conservacionistas, no Dios, que ya lo sabe), que para hacer una tortilla hace falta romper huevos.