53 Un modélico país reticular

La necesidad de una refundación posindustrial de Asturias como una polis con vocación de vanguardia a partir de tres ejes: la vuelta a una región estructurada a partir de sus villas, la recuperación del bosque y la fauna autóctonos y un modelo impositivo propio

José Antonio Méndez Sanz
Profesor de filosofía de la Universidad de Oviedo

Se me pide, se nos pide, una propuesta, una idea concreta para Asturias. Ahora bien, ¿qué significa "concreto"? Ante todo, frente a "abstracto", que dice "separación"; concreto incide en lo que se realiza en común, en lo que llega a ser por colaboración de elementos diversos. Concretar habla, por tanto, de ponerse en común para obrar algo conjuntamente.

Para concretar, empecemos por proyectar ideando: por proponer un conjunto trabado de tareas viables que puedan efectuar una realidad apetecible, atractiva. De presente y de futuro.

Sostengo que Asturias ha de pensarse como país y refundarse posindustrialmente como una polis con vocación de vanguardia, ofrecerse como territorio vivido que experimenta su ser, su hacer y su querer como algo paradigmático, modélico para el resto de ciudades. Es decir, Asturias debe creer en sí misma como comunidad que tiene algo que decir, que ofrecer, que arriesgar. Y debe creer porque tuvo, tiene y desea seguir teniendo creatividad vital. Y ello, sin grandonismo: somos una comunidad pequeña pero apostamos por y desde la densidad.

Para llegar aquí, a esta inserción vanguardista en el mundo, Asturias debe, en mi opinión, para empezar, reestructurarse, compactarse en torno a tres ejes.

En primer lugar, debe corregir la tentación de concentrar su población en el centro del territorio: hay que abandonar la idea de Ciudad Astur como algo deseable o irreversible y recuperar la estructura reticular de región articulada por las villas cabecera de comarca o de valle (Vegadeo, Boal, Tineo, Ribadesella, Infiesto, Cangas de Onís, Panes, Oviedo, Gijón, Avilés, Mieres, Langreo, Degaña) y, desde ahí, en gradación, buscar la revitalización de los núcleos rurales a los que estas villas sirven y de los que viven. Precisamos imperiosamente para nuestro futuro del villano y del campesino.

En segundo lugar, hay que construir una retícula ecológica que permita la vida y el tránsito por todo el territorio de la fauna y de la flora silvestres. Es decir, necesitamos garantizar, por ejemplo, la recuperación del bosque autóctono en el inmenso territorio ocupado por el cultivo del eucalipto. Precisamos imperiosamente para nuestro futuro del oso y del lobo.

En tercer lugar, urge establecer un modelo impositivo propio: redistributivo, avanzado, socializador, que ayude a reducir las diferencias y cambie la imagen de pirámide escalonada por la de retícula circulante. Un modelo, por cierto, acogedor y que actualiza el valor tradicional de la vecindad agraria y de la solidaridad industrial y minera, por ejemplo. Y que debe enfrentar con serenidad (tenemos buen producto) objeciones que se apoyan en la certeza de que el dinero no tiene patria, por lo que, se dirá, buscará lugares más neoliberalizados. Precisamos imperiosamente para nuestro futuro de los sencillos y los migrantes.

La compactación que puede lograrse de este modo es, puede ser, la estructura misma, el sostén y el contenido primario de lo apetecible y de lo exportable, del buen vivir. Vendrán más. Asturias puede concebirse a sí misma y proponerse como tarea, incluso ofrecerse como lugar experimental de la prueba de que el propio pasado permite ofrecerse como modelo de algunos aspectos clave de lo porvenir. Y, desde esta confianza, abrirse, brindarse como campo de pruebas de vitalidad.