36 Un nuevo contrato social en la era digital

Ante el ocaso de nuestro modelo social, la región precisa un proyecto para los próximos 80 años con los jóvenes como piedra angular

Florentino Felgueroso
Investigador de FEDEA

Una idea podría ser simplemente que nos sentemos, hagamos un análisis DAFO del "proyecto Asturias" y planteemos una estrategia para los próximos 80 años. Analicemos primero nuestras características internas (nuestras debilidades y fortalezas) y la situación externa (las amenazas y oportunidades que se nos presentan). Difícilmente podremos plantear una estrategia de futuro dando la espalda a la realidad actual de la región y los cambios radicales que nos esperan.

La principal debilidad: la demografía. Hace 80 años Asturias tenía unos 850.000 habitantes, un 22% menos que en la actualidad. En ese período España prácticamente dobló su población. Nuestra población, de hecho, lleva cayendo incesantemente desde 1982 y las predicciones indican que seguirá reduciendo el tamaño hasta al menos el año 2030. Esto es, 50 años de caída demográfica continua. Hemos envejecido a toda velocidad y no hemos pensado en el repuesto demográfico. Un dato dramático: en la actualidad residen en nuestra región unas 9.500 personas que cumplieron este año la misma edad que LA NUEVA ESPAÑA (LNE). Son casi 3.000 más de los que habrán nacido a lo largo de este año, casi el triple de los que nacerían cuando LNE cumpla cien años.

Las implicaciones de esta pesadilla demográfica se exponen en este periódico con frecuencia. Tenemos la ratio de dependencia más alta de España. Casi un 38% de nuestra población mayor de 25 años (un 58% de nuestros hogares) percibe algún tipo de prestación. Nuestras tasas de actividad laboral y de empleo también se encuentran entre las más bajas.

Las fortalezas: nuestro capital humano. Hemos invertido en nuestros hijos probablemente más que nadie o igual que los que más. Nuestras tasas de abandono escolar temprano son bajas en comparación con la media nacional y la mayoría de nuestros jóvenes adquieren una educación superior. En un contexto de caja pensiones única (y generosa) no importaba tanto que entre una cuarta y una tercera parte de nuestras generaciones más educadas salieran de la región. Si permanecía en territorio nacional seguirían pagando nuestras pensiones.

Las amenazas. Puede que nuestro modelo social y económico basado en una caja única no subsista eternamente. Vienen épocas de insolidaridad territorial y de reformas del sistema de pensiones que perseguirán su sostenibilidad. Puede que las pensiones en el futuro pasen a ser meramente asistenciales, en cualquier caso serán menos generosas que las actuales. No sería buena idea pensar que seguirán sosteniendo nuestra economía.

Viene también una nueva era digital, la de la inteligencia artificial. Se destruirán ocupaciones, y sólo podrán generar empleo neto aquellos que puedan aprovechar las nuevas oportunidades que presente esta nueva era. Las poblaciones más envejecidas tendrán, en cualquier caso, que asumir un mayor coste de adaptación. El capital humano, en especial el que se dirige a las nuevas tecnologías, ya es esencial para la nueva generación de empleo. Cada empleo en el sector "high-tech" (alta tecnología) demanda servicios de todo tipo (en una relación de 1 a 3) y es esencial para el crecimiento de los demás sectores. Se crearán nuevos desequilibrios territoriales. No podemos permitirnos el lujo, pues, de seguir exportando jóvenes cualificados a cambio de prestaciones.

Están cambiando también las relaciones laborales a gran velocidad. La uberización del trabajo, la contratación por horas o tareas, para cubrir las necesidades más puntuales de las empresas. Este nuevo sistema de relaciones también amenaza el sistema de protección social tal como lo conocemos hoy. Crecerá el trabajo independiente, tal como estamos viendo al otro lado del Atlántico. Las contribuciones a la caja única en este contexto caerán aún más de lo previsto. Nuestros jóvenes condenados a la precariedad desde hace décadas tendrán la oportunidad de romper con un contrato intergeneracional que puede que no les reporte beneficios en el futuro.

Nuestras oportunidades. Las nuevas tecnologías, en especial las TIC, permiten también romper con el aislamiento físico, dejar de ser periferia, dar a conocernos y ofrecer lo nuestro en cualquier parte del mundo. En cualquier caso, sólo podremos generar oportunidades si somos conscientes de que hay que actuar ya. Nuestros gestores la verdad que lo tienen complicado. Su votante mediano potencial tendrá cerca de 57 años en el año 2030, 10 años más que cuando empezó la crisis. Pero el mejor favor que nos pueden hacer es abrirnos los ojos, dejarnos claro que nuestro modelo social está a punto de caducar y que necesitamos un nuevo proyecto para la Asturias de los próximos 80 años. Un proyecto que se base en un nuevo contrato social intergeneracional, en el que nuestros jóvenes se sientan partícipes, pasen a ser la piedra angular y no residual. En el que se fomente la natalidad y la formación continua de nuestros mayores. En el que no nos empeñemos en maldecir nuestra mala suerte, pensemos en que todo lo que nos ocurre es exógeno y nos aprovechemos por todos los medios de las oportunidades que nos ofrece la nueva era digital.