74 Un paraíso natural y ambiental

Gestionar la basura con conciencia de salud para convertir la región en un ejemplo piloto en el país de tratamiento de residuos sostenible, sin recogida ni incineración de desechos mezclados

Adonina Tardón García
Profesora titular de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Oviedo. Miembro del comité de dirección del ciber de epidemiología de España

Las sustancias químicas son parte de nuestra vida diaria y cuando se utilizan adecuadamente pueden contribuir a mejorar nuestra calidad de vida, salud y bienestar. Pero hay algunas sustancias químicas que son muy peligrosas y pueden incidir negativamente en nuestra salud y en el medio ambiente cuando no se administran de forma adecuada. Entre las diez sustancias químicas peligrosas que actualmente constituyen una preocupación para la salud pública figuran los contaminantes orgánicos persistentes (COPs), las dioxinas, los policlorobifenilos (PCBs) y la contaminación del aire exterior. El Convenio de Estocolmo en 2001 determinó una docena de compuestos conocida como la “docena sucia”, un grupo de productos químicos peligrosos que son contaminantes orgánicos persistentes (COPs), debido a sus efectos perjudiciales para la salud, su presencia en el medio ambiente y su persistencia en el interior del cuerpo humano.

Los compuestos orgánicos persistentes (COPs), una vez que penetran en el organismo humano o animal, persisten en él durante mucho tiempo gracias a su fijación al tejido graso, donde quedan almacenados, comportándose como disruptores endocrinos. Se calcula que su semivida en el organismo oscila entre 7 y 11 años, y se acumulan en la cadena alimentaria. Cuanto más arriba esté un animal en dicha cadena (como el ser humano), mayor será su concentración de COPs. Un disruptor endocrino es capaz de alterar el equilibrio hormonal, pudiendo provocar diferentes efectos adversos sobre la salud de las personas, animales o de sus descendientes. Los efectos dependen del sistema hormonal al que afecten (estrogénico, tiroideo) y del momento de la exposición (durante el desarrollo fetal, niñez, pubertad), y son diferentes según el género. Son de especial importancia los efectos en los hijos de personas expuestas. La exposición a estos disruptores se asocia a cánceres de mama en mujeres jóvenes, problemas de fertilidad, obesidad infantil o diabetes. La mayoría de las fuentes de contaminación de los disruptores están más allá del control del ciudadano, y requieren medidas por parte de las administraciones.

Los niños no son pequeños adultos, ya que son especialmente vulnerables a los efectos de los disruptores endocrinos. La exposición de los niños a estos productos en etapas de su desarrollo físico y cognitivo puede tener graves consecuencias a largo plazo para la salud en la vida adulta.

Existen numerosos ejemplos de políticas de los gobiernos eficaces, que permiten reducir esta contaminación ambiental:

1. Industria: utilización de tecnologías limpias que reduzcan las emisiones de chimeneas industriales; gestión mejorada de desechos urbanos y agrícolas, incluida la recuperación del gas metano de los vertederos como una alternativa a la incineración (para utilizarlo como biogás).

2. Transporte: adopción de métodos limpios de generación de electricidad; priorización del transporte urbano rápido, las sendas peatonales y de bicicletas en las ciudades, y el transporte interurbano de cargas y pasajeros por ferrocarril; utilización de vehículos diésel más limpios.

3. Planificación urbana: fomentar la ventilación natural de los edificios, y mejoramiento de la eficiencia energética.

4. Generación de electricidad: aumento del uso de combustibles de bajas emisiones y fuentes de energía renovable sin combustión (solar, eólica o hidroeléctrica); generación conjunta de calor y electricidad, y generación distribuida de energía (por ejemplo, generación de electricidad mediante redes pequeñas y paneles solares).

5. Gestión de desechos municipales y agrícolas: estrategias de reducción, separación, reciclado y reutilización o reelaboración de desechos, así como métodos mejorados de gestión biológica de desechos tales como la digestión anaeróbica para producir biogás, mediante métodos viables y alternativas económicas en sustitución de la incineración de desechos sólidos.

También cada ciudadano puede jugar un papel esencial en la no generación de residuos que contengan productos químicos peligrosos y en crear barreras que impidan que los niños absorban los productos químicos peligrosos: utilizar envases de cristal o cerámica para la alimentación, lactancia materna o biberones de cristal, ventilación natural en el hogar sin insecticidas o ambientadores, no rellenar botellas de plástico, no calentar recipientes de plástico en el microondas, distinguir la información del tipo de plástico en el triángulo de cada envase optando por el 2, 4 y 5, y preferir la agricultura ecológica o artesanal sin pesticidas, o los alimentos de indicación geográfica protegida, de proximidad y frescos. Pero sobre todo debemos generar la menor basura que podamos, y separarla por contenedores. Ningún envase de plástico o lata fuera del contenedor amarillo. Son los envases del contenedor amarillo los que contienen la mayor concentración de los productos químicos peligrosos, que se convierten en disruptores endocrinos si se queman en el medio ambiente. Si gestionamos con conciencia de salud nuestra basura en casa estamos contribuyendo a que nuestros hijos y nietos no padezcan enfermedades en el futuro tan graves como el cáncer.

Asturias puede ser un ejemplo piloto en España de crecimiento económico con un tratamiento de residuos sostenible, en el que no exista recogida ni incineración de basura mezclada, ya que posee unas características que así lo posibilitan:

En primer lugar, el campo asturiano es clave en la innovación de la producción (a la vista está la fortaleza de nuestra agricultura ecológica o la denominación geográfica protegida de nuestros alimentos) y se merece que todos contribuyamos a la no incineración de residuos de basura mezclada, que puede afectar a sus denominaciones futuras de calidad.

En segundo lugar, la respuesta de los ciudadanos particulares es ejemplar en programas de participación de reciclaje de basuras, o de demanda del mantenimiento de formas de transporte no contaminante, como el tren de cercanías, o la generación de energía limpia y sostenible por parte de las comunidades de vecinos o la demanda de control de fuentes de contaminación como la descarga abierta de áridos.

En tercer lugar, el sector del turismo rural es pionero en España y genera riqueza y trabajo para muchos asturianos. Los ciudadanos que nos visitan lo hacen atraídos por la riqueza y diversidad del campo y la naturaleza animal y vegetal.

La contaminación ambiental nos iguala a todos los ciudadanos, es equitativa, no hay donde esconderse y nos ofrece por ello la oportunidad de trabajar juntos para cuidar de nuestra tierra. Cada ciudadano debe ser consciente que toda sustancia peligrosa que emita al medio ambiente, este se la devuelve magnificada y convertida en un disruptor endocrino, que en el futuro va a afectar a la salud de su descendencia.

Nuestros padres nos legaron una Asturias paraíso natural y nosotros podemos dejar a nuestros hijos una Asturias paraíso natural y ambiental.