58 Un plan de innovación y desarrollo

Sólo una inversión inteligente en ciencia y tecnología asegura que ninguna buena idea se escape de Asturias y todas puedan actuar como palancas para transformar la región

María Neira
Directora del Departamento de Salud Pública y Medio ambiente de la Organización Mundial de la Salud

Arquímedes de Siracusa era, sin duda, un hombre de gran entusiasmo.

Él es el autor de la mítica frase pronunciada más de 200 años A.C.: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”.

Cuando Arquímedes entendió el poder que esta palanca podía dar al hombre, muy orgulloso comunicó a todos que, gracias a la mecánica, se podría levantar cualquier peso, por grande que éste fuera y con una fuerza mucho menor.

La mítica frase fue pronunciada cuando consiguió, delante de un público incrédulo y a través de un complejo sistema de poleas, poner un gran barco de tres mástiles y 50 metros, con su tripulación y cargado de mercancías, en movimiento, hasta botarlo al agua, y eso sólo con una mano.

En mi imaginación, las ideas que transforman una sociedad deben ser como la palanca de Arquímedes y me hago con frecuencia esa pregunta: ¿dónde hay que apoyar la palanca de nuestra creatividad, de nuestro talento, de nuestras capacidades para mover nuestro mundo?

Por eso, pensando mi idea para Asturias, no dejaba de imaginar ese punto donde poner la palanca en nuestra tierra astur para que provocara el cambio positivo de mayor resultado, el de mayor impacto, y todo eso casi sin esfuerzo, tal y como hizo Arquímedes con su barco.

Obviamente, a uno le viene a la mente apoyar la palanca en mejorar nuestras comunicaciones, esa batalla pendiente del transporte que tenemos y que nos pudiera abrir más al mundo. Vienen a mi mente también proyectos muy concretos para atraer a estudiantes “Erasmus” a Asturias, para atraer un turismo “senior” que busca tranquilidad, gastronomía y cultura, para explotar aun más nuestro famoso paraíso natural y sus reservas, su cultura y la creatividad de sus gentes.

Viene a mi mente que el punto de apoyo donde poner la palanca que nos dé el empujón eficaz fuera que Asturias también pudiera trabajar y contribuir a proyectos que son prioridades a nivel global, como proyectos de ciberseguridad, tecnología agrícola avanzada para desarrollar cosechas resistentes al cambio climático, desarrollo de nuevos materiales de mejor adaptación y sostenibilidad ambiental, genómica nutricional, nuevas fuentes de energía o tantos otros donde en alguna parte del mundo se esta invirtiendo y trabajando.

¿Y si la respuesta estuviera ahí y no la hubiéramos visto?

Hoy, EE UU dedica un 2,7 por ciento de su PIB a la investigación y el desarrollo; Israel, un 4%, y países como Alemania, Finlandia, Japón o Noruega, más del 3%.

Parece que en la próxima década China sobrepasará a Estados Unidos en su inversión en I-D: ¿casualidad?, ¿decisión estratégica?, ¿inversión inteligente?

¿Y nosotros? ¿Dónde estamos? Habría mucho espacio para reflexionar sobre cuánto se invierte en I-D para una vez más llegar a la conclusión de que siempre es una inversión inteligente, sin quejas políticas o de políticos, la inversión en ciencia, tecnología y desarrollo es siempre una buena idea, para Asturias y para todos.

Los grandes proyectos que nos han hecho avanzar han requerido innovación, grandes mentes, inspiración, inversión y voluntad política.

Hacer el mapa del genoma humano fue un programa innovador que se desarrolló entre los años 1990 y 2003 y que envolvió a líderes en biología, biotecnología, centros de investigación, gobiernos, centros privados, y que desarrolló tecnologías de las que aún hoy nos estamos beneficiando en salud pública, medicina, agronomía, antropología, arqueología y muchas otras ciencias, la lista sería demasiado larga para enumerarla.

Los ingredientes para todos esos grandes proyectos son alianzas entre académicos, filántropos, empresas e instituciones de Gobierno.

Así que juntar talento, juntar esas ideas que están floreciendo en los “start-ups” de Asturias, con visión empresarial e institucional, parece que siempre es una buena receta.

¿Y si al final el punto de apoyo de la palanca no fuera sólo uno sino miles, allí donde haya una buena idea, una buena mente, apoyarla y empujarla?

Resulta que dar ideas es mucho más difícil de lo que parece, sobre todo si son buenas ideas. Así que la mía sería sobre todo asegurarse de que no se nos escape ninguna. Mientras pensaba, esperaba ver la bombilla que se encendía y a mí misma gritando “¡eureka!”, pero nada de eso pasó, y lo único que se enciende es la luz de mi “laptop”, que recuerda que hay que enchufarlo a él también.

Así que ésta es mi recomendación, sin bombillas y sin “¡eurekas!”: invítese a nuestras más gloriosas instituciones científicas en Asturias, academias de Ciencias y Tecnología, investigadores y pensadores y a nuestros mejores empresarios y filántropos a elaborar de forma creativa un plan de innovación y desarrollo para Asturias. Úsese esa plataforma para generar una estrategia coherente de I+D y promuévase la inversión necesaria.

La plataforma, el laboratorio de ideas estimulará a nuestros científicos, motivará, generará más unión y diálogo, y tendrá posiblemente beneficios colaterales como cuando se trabajó en el genoma humano, y probablemente será bueno desde el punto de vista político, entendiendo por política el arte de dedicarse al interés público.

Y con todas esas ideas generadas, pongamos la palanca de Arquímedes en marcha y veamos adónde nos lleva y cuántos barcos somos capaces de mover.

Y lo bueno de todo esto es que nos puede salir muy barato; después de todo, pensar no cuesta, aunque cueste mucho pensar bien.