47 Una agencia independiente para la gestión del gasto de I+D+I en Asturias

Establecería los contactos entre empresas e investigadores, evaluaría los proyectos y comprobaría si cumplen los objetivos fijados

Carlos López-Fanjul de Argüelles
Departamento de Genética Facultad de Biología Universidad Complutense

Es de sobra conocido que la inversión española en I + D + i (Investigación + Desarrollo + innovación) viene padeciendo duros recortes desde 2010 y que esa reducción ha sido aún mayor en Asturias, cuyo gasto al respecto es muy inferior al promedio nacional, algo que pone en grave riesgo nuestro porvenir tecnológico. Para empeorar más las cosas, los tres ejes que definen el sistema no sólo vienen chirriando desde su inicio, sino que la eficiencia en la gestión de unos recursos decrecientes no ha mejorado con el paso del tiempo, a pesar de que la actual crisis económica debería haber impulsado reformas que hicieran de la necesidad virtud. Lo que sigue es un conjunto de opiniones producto de experiencias propias y ajenas, aunque el escaso espacio de que dispongo me impide citar ejemplos concretos.

Eje 1 (investigadores). A un lado se sitúan los científicos que no desean participar en el sistema para dedicarse exclusivamente a la investigación pura, opción absolutamente respetable aunque algunos aduzcan para excluirse que la investigación aplicada dificulta la obtención de méritos para la concesión de los sexenios que complementan su salario, postura que no parece justificada. Al otro lado se encuentran los profesionales que dedican parte de su afán a aspectos aplicados de la ciencia, bien obteniendo resultados de calidad o bien llevando a cabo un trabajo que sólo es la prolongación de sus particulares intereses académicos sin mayor repercusión práctica en un futuro predecible. Aun reconociendo que la liebre puede saltar en cualquier momento, dejar el desarrollo tecnológico próximo en manos del azar no parece acertado.

Eje 2 (empresarios). Buena parte de los empresarios españoles no actúan a plazo corto sino al inmediato, actitud que tradicionalmente ha resultado en confiar la resolución de problemas a la adquisición de tecnología foránea. Esta elección, a veces económicamente comprensible, no justifica la inmoderada desconfianza en el funcionamiento de tecnologías diseñadas por investigadores nacionales, en flagrante contradicción con continuas menciones en la prensa de la excelente labor de nuestros científicos en multitud de centros internacionales. En muchas ocasiones la empresa sólo participa en proyectos I + D + i porque así obtiene ciertas ventajas, bien sean de imagen, fiscales o ambas, más que por el interés directo que para ella pudieran tener las experimentaciones pertinentes. De hecho, muchos proyectos sólo se llevan a cabo parcialmente, porque en determinados momentos críticos se aduce que las necesidades de producción no hacen posible utilizar los recursos empresariales comprometidos para el buen desarrollo de la investigación, aun cuando estos extremos debieran estar previstos.

Eje 3 (administración). La rigidez del marco burocrático no sólo impone considerables pérdidas de tiempo sino que también retrasa indebidamente la disponibilidad de fondos en los momentos precisos, dificultando perniciosamente la viabilidad de los proyectos I + D + i. La necesidad de un control riguroso del gasto no es discutible, pero la escasa agilidad con que esa operación se lleva a cabo es dañina. El excesivo formalismo administrativo contrasta desfavorablemente con el escaso o nulo control de la producción y calidad de los resultados obtenidos en los proyectos.

Propuesta. Evidentemente, la corrección de las deficiencias antedichas no puede dejarse en mano de las partes implicadas que ya se han revelado inoperantes, sino que debería encomendarse a una agencia oficial compuesta por un puñado de personas independientes cuyas funciones serían: establecer contactos adecuados entre empresas e investigadores, proponer o apoyar temas de colaboración I + D + i, evaluar los proyectos presentados a las convocatorias de financiación y llevar a cabo su seguimiento a la luz de los objetivos propuestos. Es preciso reconocer lo frágil de la independencia de esa agencia, puesto que sus gastos serían sufragados con cargo a fondos públicos y, por ello, podrían plantearse conflictos entre intereses científico-empresariales y políticos, no siempre coincidentes. Aunque mi propuesta pudiera tacharse de simplista (y quizás de utópica) pienso que sería la más eficiente para Asturias, donde promover, coordinar y evaluar la colaboración entre la Universidad y las empresas debería ser una operación asequible, porque aquí nos conocemos todos.