Nada tan sano como nadar

El verano, época ideal para que los niños realicen cursos de natación. Los expertos subrayan los beneficios cardiovasculares y la seguridad frente a posibles accidentes

La piscina, asignatura de primera

Faltan diez minutos para que empiece la clase, pero el pequeño Miguel Fernández ya espera impaciente al borde de la piscina. “El objetivo es la seguridad, no busco que mi hijo sea un gran nadador, quiero que pierda el miedo al agua y aprenda a flotar”, explica su madre, Montserrat Martínez. Una de las cosas que más aterra a los padres cuando llega el verano es que los niños puedan sufrir un accidente si caen al agua en un despiste. No en vano, los ahogamientos constituyen una de las principales causas de mortalidad infantil durante los primeros cinco años; además, ocurre en apenas segundos. De ahí que sea tan importante que los menores se familiaricen con el entorno acuático lo antes posible.

No hay un consenso general sobre cuál es la edad adecuada para empezar a nadar. En la mayoría de centros, la edad mínima ronda los tres meses con clases para iniciar a los bebés en el medio. A esta edad, todavía mantienen el reflejo innato de cerrar la glotis cuando les entra agua, por lo que, al sumergirlos, cierran automáticamente el paso de las vías respiratorias. Al crecer, lo van perdiendo, al igual que el instinto de “caminar” en el agua.

El monitor Daniel Suárez, con Senén Minas y Martín Rodríguez, durante una clase / CAROLINA DÍAZ

Los bebés menores de un año se adaptan al medio acuático más fácilmente que los mayores, y esto evita que tengan miedo al agua en el futuro. “No van a aprender a nadar tan pequeños, pero sí van a coger referencias y adelantar procesos de aprendizaje en el agua en las siguientes etapas”, detalla Héctor Secades, monitor en Arenas Sport Center.

La temperatura del agua es importante a la hora de que los pequeños se adentren en la piscina: debe rondar los 22 grados. Para ellos, la piscina es como una bañera grande, y el entorno tiene que ser atractivo, con juguetes, colchonetas y un ambiente que los motive. Es muy importante que el bebé se sienta cómodo y confiado en el agua. “En los grupos de bebés siempre tiene que estar con ellos un familiar; ellos funcionan por estímulos, así que es muy importante que no les transmitan miedo o angustia”, advierten los expertos.

La supervisión contínua es el primer mandamiento para evitar ahogamientos de menores en playas y piscinas

Al principio, el bebé simplemente disfrutará de las nuevas sensaciones que le provoca el agua. Sentirá la ingravidez y aprenderá a flotar. Será más adelante cuando empiece a sumergirse y aprenda las técnicas básicas de la natación. “Es normal que en algún momento lloren si notan algo nuevo, pero lo más importante es conseguir que se mantengan, no buscamos que sea un trauma”, detalla Héctor Secades. “Les enseñamos técnicas para sujetar a los niños de forma correcta, pero a veces tienen más miedo los padres que los propios bebés. Hubo un caso en el que el padre lo intentó de todas las maneras y le dijimos que volviera al día siguiente, cuando el niño estuviera más calmado; al final conseguimos que hiciera los 45 minutos de clase”, puntualiza Daría Díaz, monitora de GoFit. Hacia los 3 o 4 años, el niño ya está dotado de la coordinación muscular necesaria para desplazarse solo de un lado a otro.

Pero saber nadar no sólo constituye un importante seguro de vida para nuestros hijos. Además, es uno de los deportes más completos que existen. Aparte del gran número de músculos que interviene, el medio acuático es ideal para mantener sano el sistema cardiovascular, prácticamente a cualquier edad. En niños, además, regula el colesterol y previene la obesidad. A pesar de todo, actualmente sólo la practica el 8 por ciento de los niños. “Lo más recomendable sería venir a la piscina tres veces por semana, pero muchos  dejan las clases en cuanto aprenden a nadar”, lamenta Daría Díaz. Un viaje en colchoneta pone punto final a la clase de hoy. “Lo que más me gusta es que el agua me refresca, tengo ganas de volver”, apunta Telmo García, mientras se despoja de sus gafas de bucear. En verano, los deberes están en la piscina.

Apuntes

  • 1

    Un modo agradable de eliminar estrés

    Nadar genera numerosos beneficios para la salud. Según Daría Díaz, es una práctica habitual para las personas con dolencias de espalda. Aun no sufriéndolas, la monitora recomienda esta práctica al menos tres veces por semana: “Te ayuda a relajarte y a descansar, fortalece el cuerpo y es una forma agradable de desestresarse”.

  • 2

    Paliar una de las causas de muerte evitables

    El ahogamiento es una de las principales causas de muerte prevenible en todo el mundo. La preocupación se hace evidente en edades tempranas, por la indefensión de los niños ante el agua. En consecuencia, es importante enseñarles desde una edad temprana los posibles peligros con los que pueden encontrarse y el modo de sortearlos.

  • 3

    Herramienta protectora para los pequeños

    La Organización Mundial de la Salud (OMS) hace hincapié en la concienciación tanto de las organizaciones como de las personas sobre la indefensión de los pequeños a la hora de enfrentarse al agua. La ausencia de barreras físicas, la no supervisión de los niños o la falta de sensibilización son los principales riesgos que acechan a los menores.

  • 4

    Asturias registra el 4,4% de los ahogamientos

    Asturias es la octava provincia del país con mayor tasa de ahogamientos: un 4,4 por ciento del total, según los datos del Informe Nacional de Ahogamientos de la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS).

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