1977: La Casa Real y Covadonga, el histórico acto en el que se restableció un vínculo intenso

Felipe recibió los honores de príncipe de Asturias en 1977 en el real sitio, ensalzado por el rey Juan Carlos por ser “el latido más íntimo y universal” de España

El entonces Príncipe de Asturias recibe de manos del arzobispo de Oviedo un presente, junto a los Reyes y la infanta Elena en 1977

“Covadonga, en un día espléndido, fue ayer el escenario del homenaje de Asturias al príncipe heredero, con la celebración del acto de entrega de los atributos que simbolizan la obligación de la región hacia quien ostenta el título de Príncipe de Asturias. El presidente de la Diputación Provincial entregó al príncipe Felipe el título de príncipe de Asturias, la venera acreditativa de tal distinción, cruz de pecho enriquecida con el escudo del principado, y el simbólico tributo para mantillas”.

Con estas palabras se narraba, en el ejemplar de LA NUEVA ESPAÑA del miércoles 2 de noviembre de 1977, uno de los hechos históricos más significativos del siglo XX en Covadonga: el acto en el que Felipe recibió -al menos simbólicamente- el título de Príncipe de Asturias restableciéndose, así, una tradición centenaria, creada por el rey Juan I en 1388 y que se mantuvo hasta 1907 con Alfonso de Borbón y Batterrberg. “Mi hijo queda vinculado real y solemnemente a esta noble región”, pronunció el Rey Juan Carlos en su discurso. Y, de hecho, Felipe, ahora como monarca, encabezará los actos del Tricentenario de Covadonga junto a la actual Princesa de Asturias, su hija Leonor.

Juan Carlos I ensalzó entonces los atributos de Covadonga. “El corazón inmenso de España, por el que reparto mis pasos y esperanzas, tiene en este lugar en que nos encontramos su latido más íntimo y universal”, proclamó el Rey.

El principe Felipe

Asimismo, se refirió a las connotaciones de Asturias. “Este sentimiento de universalidad, de nacionalidad y de unidad se siente profundo, limpio, exigente, tierno y duro a la vez aquí en Asturias. Porque Asturias es para mí, como Rey, y quiero que sea para ti también, Felipe, como heredero, todas esas cosas: universalidad y españolidad, dureza ante las dificultades, voluntad de trabajo, exigencia de gobernantes”, recalcó Juan Carlos. Y prosiguió: “La biografía de esta región, que es también la biografía de España, porque aquí los españoles empezamos a sentirnos unos y comunes, está llena de cicatrices y de generosidad”.

Con motivo de la proclamación como príncipe de Asturias, Felipe de Borbón, entonces un niño de 11 años, recibió un pergamino en el que figuran los nombres de todos los concejos asturianos, una placa, una gaita, unas monedas conmemorativas, un pequeño hórreo y una lámpara de mina.

Hubo debate en torno al valor real de este acto que, si bien oficialmente no pudo ser la entrega del título y se le llamó “homenaje al Príncipe de Asturias”, el discurso del Rey le otorgó gran relevancia y significó, sin lugar a dudas, el restablecimiento de un estrecho vínculo entre la Casa Real y la región y, especialmente, con Covadonga. El entonces presidente de la Diputación, Luis Sáenz de Santa María, fue el encargado de representar a Asturias y, curiosamente, aprovechó el acto en el Real Sitio para reclamar que la Cruz de la Victoria figurase en el escudo de la nación. Una reivindicación que cayó en saco roto…

"Mi hijo queda vinculado real y solemnemente a esta noble región"

El Rey, en el discurso pronunciado en Covadonga en el acto de homenaje al príncipe de Asturias

02/11/1977 | PDF | 4 páginas | 2,4 MB