Precio de oro por oropel
Vivimos en una sociedad de exigencias máximas en todos los niveles; se intenta sacar el mayor provecho de todo, convirtiéndose en un mundo sumamente competitivo, para poder alcanzar logro.
Por citar algunos ejemplos de lo que dicha competitividad suponen en realidad, podría mencionar el caso de China, que para alcanzar una gloria como nación en el ámbito deportivo somete desde hace años a una intensísima preparación y disciplina a niños/as que, fruto de tales presiones y aspiraciones, muchos de ellos, incapaces de mantener tales niveles de exigencias o no cumplir con las expectativas propuestas, acaban por suicidarse.
Siendo edades en las que el niño tendría que tomarse estas actividades más bien para disfrute que para alcanzar tempranamente «una gloria» que más bien busca engrandecer la imagen de un país, que el provecho de quienes consiguen alcanzar tales cimas. Pues la trayectoria que los lleva hasta ahí está llena de infelicidad, por ser una edad inapropiada para tales excesos, cuando no se les permite gozar de cosas apropiadas a su edad como la amistad, tiempo libre, tener un cierto sentido lúdico de todo, no ver a los demás como adversarios o contrincantes sino como compañeros/as, tener una visión menos exigente de todo, etcétera.
Al igual ocurre con las últimas medidas adoptadas por el Gobierno de reducir plantillas de trabajadores o acabar con posibles trabajos aumentando para ello el trabajo de lo que puedan ejercer, unido además a recortes económicos, que se traduce en un descontento generalizado. Cuando está demostrado que cuando las personas trabajan mal a gusto o descontentas rinden bastante menos en el trabajo, ese descontento se transmite de unos a otros, por lo que afecta a todos; las enfermedades como el absentismo laboral, y posibles trampas que se pudieran hacer, emergen de forma notable.
Por no decir que si el país, entre otras cosas, para mejorar su situación, debe generar riqueza, una de la formas sería favorecer el trabajo de la mayoría, mejorar la situación de los empleados, así como su poder adquisitivo. Lo que supondría medidas más humanas y positivas para todos, en general. Y no un aparente brillo que nos deslumbre hasta cegarnos, y paguemos precio de oro por oropel.
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