La crisis y la Iglesia
Ante los acontecimientos devastadores que últimamente afectan a los más conviene preguntarse dónde se ha metido la Iglesia. No hace tanto nos tenían habituados a frecuentar medios de comunicación y cabeceras de manifestaciones con el argumento de proteger el bien supremo de la familia.
Su actitud no es más que un silencio cómplice, y a algunos nos confirma lo que ya sabíamos; que es otra de las cabezas de la hydra. No es difícil imaginarlos en sus guaridas, degustando sus triunfos moralizantes y aguardando a que el brazo secular les traiga otros (homosexuales, educación para la ciudadanía, ¿divorcio?). Conviene no olvidarlo, y se me ocurre que cuando la adversidad democrática arranque a sus principes del trono de los hombres habría que cercenarles de una vez cuantos tentáculos flagelosos sea civilizadamente posible. Por ahorrar un poco, digo.
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