Consuman, emprendan y arriesguen
Todos los gobiernos y empresas, desde hace años, vienen aplicando una máxima con demasiados interrogantes: la de que para tener éxito cualquier empresa o país deben ser más competitivos que la competencia ¿hasta dónde tenemos el límite de esa competitividad?
¿Tenemos mucho margen de maniobra en estos momentos, para bajar sueldos, subir productividad, exportar más que otros, importar más barato, etcétera? Ya que para competir sólo se hace bajando costes de producción, para poner en el mercado nuestros productos a menor precio, ¿sólo existe el camino a la miseria para competir? Eliminar trabajadores, aumentar las horas de trabajo para, por último, ir rebajando sueldos... ¿hasta donde? ¿Cuál sería el límite antes de que estemos todos peleándonos a ras del suelo?
Se debería competir con calidad, inventiva, investigación, innovación; en una palabra, con imaginación; pero como nuestros gobernantes no la tienen, sólo saben competir con recortes: disminuyendo salario y personal. Si a esto añadimos que los impresentables suben impuestos, congelan la inversión y el gasto público, sobre todo en educación, que es la clave del desarrollo I+D+i, despiden a funcionarios, mineros, etcétera, la gente se asusta y acaba ahorrando, la demanda privada también se contrae, los ciudadanos gastan menos por si acaso; el consumo se resiente, la empresas cierran, despiden trabajadores, no invierten, caen los beneficios empresariales y con ellos la recaudación de impuestos, por lo tanto aumenta el déficit, y son necesarios nuevos recortes. ¿Así hasta el infinito? Lo siento, siento que estamos en manos de perfectos ineptos.
La vida es riesgo, y por lo tanto en tiempos difíciles hay que arriesgar; desde el Estado hasta el último ciudadano, no podemos dejar pasar el tiempo esperando que estos que dicen que hay que bajar salarios para competir sigan ganando millones ¡serán miserables! Tenemos que consumir quienes podamos hacerlo, los empresarios que tengan dos empleados deben colocar a tres, y, si hay que apretarse el cinturón, los políticos tienen que ser los primeros en dar ejemplo: eliminar toda esa administración paralela que han creado PP y PSOE a lo largo del tiempo, con asesores, consejeros, cargos de confianza, etcétera colocados todos a dedo con grandes sueldos. Luego hacer incompatible más de un sueldo a quien ocupe un cargo público. Nos estamos jugando el hundirnos todos o salvarnos siendo valientes y solidarios. ¿De qué nos sirve ahorrar unos euros si mañana caeremos en el pozo donde todos viviremos en una sociedad insegura y pobre? Consuman, emprendan y arriesguen, o lo pagaremos muy caro. Y qué decir de quien defrauda al fisco: es hora de empezar a aportar y aflorar su insolidaria posición, porque quizá la ley empiece a caerles con crudeza en seguida. Infinidad de profesiones de bien en consultas privadas campan a sus anchas defraudando, cuídense de seguir haciéndolo, los ciudadanos estamos hasta las trancas de ser los mismos los que aportemos siempre.
«Una nación no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos en buena posición económica, sino por cómo trata a los que tienen poco o nada» (M. Nelson).
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