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La compleja ética empresarial

26 de Agosto del 2012 - Carlos Muñiz Cueto (Gijón)

El presidente de FADE se equivoca al decirnos: «Hay que dar la formación que solicite el mercado laboral». No. Hay que dar la formación que solicita el ciudadano para mejorar su empleabilidad o requiera la sociedad para mejorar su competitividad industrial. Porque en Asturias, aunque la patronal no haya dejado de exigir y la sociedad de conceder, el mercado laboral no va bien. No pueden repetirnos aquello de «esta formación está bien para mis hijos, pero no para mis trabajadores». Cierto es que el conocimiento proviene de los descubrimientos que los buenos empresarios realizan hasta en un garaje; pero esos empresarios además ofertan empleos y redistribuyen riqueza sin pedir subvención o contrato estatal. El mercado laboral no es de esclavos al gusto de capataces. Un tal Murray Rothbard decía: «Cada uno es dueño de sí mismo y quien posee su cuerpo es, a su vez, propietario de todo lo que su cuerpo produce». Complejo asunto cuando los Vedas se hacían la pregunta: «Si mi cuerpo es mío. ¿Quién es el que posee mi cuerpo?». Esta crisis pone en evidencia que lo público por medio de funcionarios es mejor que lo privado para garantizar la libertad del ciudadano, y más aún en formación, donde entidades privadas pagadas con dinero público, siendo más caras, no han dado mejor servicio al ciudadano. Para arreglar lo del yo, nos llega Hans Hermann Hoppe y nos dice: «Cuando argumentamos con alguien reconocemos en él al yo que nos responde, reconocemos al otro y a su cuerpo». De nuevo lo de que el Estado es monopolista y lo privado tiene bulímicamente derecho a tragarse todo el planeta con su apetito insaciable. Luego Israel M. Krizner dice que «todo ser humano posee una innata capacidad creativa. Que todo lo que crea desde la nada es suyo». Y que, como emprendedor, le corresponde la riqueza que han creado sus empleados, propiedad para él, alienación para ellos. Pero ocurre que todo ser humano es capaz de argumentar y crear. Indefensos, cuidados por nuestros padres, nos desarrollamos en un entorno cultural que nos posee. Al final no somos ni de nosotros mismos. Amantes de algo, lo producimos para nuestros clientes. Nuestros logros, libremente deseados y creados, los compartimos con el próximo para provecho de las generaciones venideras. Nacemos desnudos y no nos llevamos nada. Ni mi yo ni mi cuerpo pueden argumentar o crear algo sin contar con el próximo. Ése al que se le debe la libertad y todo como cliente. Ésa es la esencia de la libertad: la del otro. El próximo es el verdadero axioma de la economía; no el yo individual, sino el del otro. La propiedad pertenece a las generaciones venideras, nosotros sólo la aprovechamos en usufructo y, mejorada, debemos dejarla en herencia.

Señores de la FADE, todos somos «aprendices» en el «aprendizaje permanente», desde el manufacturero sin formación al becario o al doctor. Todos dispuestos a acreditarnos en ocupaciones como competentes autónomos por medio de un «aprendizaje permanente» público. De los empresarios se espera que «procuren esa capacitación muy pegada a la empresa» que se adquiere en el puesto de trabajo. Porque muchos que ya han ido a aprender esa parte fuera de Asturias y quieren volver ya no son sólo hijos bien formados, sino trabajadores experimentados. ¿Les valen o deben también estar subvencionados mientras se subcontrata su orientación a los no funcionarios?

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