¿Sin vacaciones? ¡Ja, ja!
Se dice que las vacaciones son un invento antiguo. Tan antiguo como que allá por el siglo II, en la época de Adriano, la aristocracia europea ya hacía sus desmarques veraniegos a zonas más fresquitas. Por supuesto, la clase trabajadora por aquel entonces no existía, así como ahora que está toda en paro. El caso es que irse de veraneo era cosa de unos pocos privilegiados.
Nuestros abuelos vivieron en la cultura del trabajo y también nuestros padres siguieron en ella, donde eso de ganarse el pan con el sudor de la frente no sonaba a maldición bíblica y sí a garantía de supervivencia. Muy distintamente es ahora, que los políticos la disfrutan como una obligación y que además de ser muchos en número no sufren la crisis en sus bolsillos.
Nuestros gobernantes y diputados habían prometido un verano de trabajo político casi estajanovista, pero la verdad es que todos ellos de una forma u otra están de vacaciones. Ya puede moverse la prima de riesgo y los mercados en máximos y mínimos que lo que cuenta en este sofocante agosto es la calma chicha de los veranos de siempre, y el de éste apenas alterado por el histriónico Sánchez Gordillo y sus seguidores en Mercadona.
Nos mienten como siempre. Anuncian ahora que puede haber un Consejo de Ministros el 24 y otro el 31 de este mes de agosto, como si eso fuera un sacrificio. Y tal vez, si toca, algún pleno veraniego en la Cámara de los Diputados, al que sus señorías acudirán, por supuesto, en avión, barco o tren gratis total desde sus respectivos puntos veraniegos y a costa de los de siempre.
Podría llamárseme demagogo por escribir estas cosas, pero prefiero eso a quedarme callado. Hay cuestiones sobre las que se extiende un manto de mentira que acaba por confundir al más y mejor informado. Ejemplos hay demasiados, pero en algunas materias se ha mentido tanto, y de manera tan reiterada, que no se puede callar por denunciar la jeta de algunos políticos. Me refiero al topicazo de que cuando se debate alguna ley se publican fotografías del hemiciclo del Parlamento medio vacío, surge un diputado o un periodista paniaguado que tacha de simplista a quien pone de manifiesto semejante burla y desconsideración, asegurando que sus señorías están realmente trabajando en sus despachos y que cuando ocupan el escaño para apretar un botón están prestando un gran servicio a la patria.
Son los mismos que nos colocan siempre el estribillo de que todos esos diputados que acuden al Parlamento sólo tres veces por semana, y que incluso asisten el jueves al último de esos plenos con la maleta preparada para desaparecer cuanto antes a sus lugares de origen.
Ante estas explicaciones me pregunto si de verdad nos toman por imbéciles o si ellos mismos se creen sus propias mentiras. Viajes, menús de lujo a precios de comida rápida, teléfono, iPad y ADSL siempre gratis. Al parecer, todo es poco para tan dura responsabilidad, aunque algunos lleven más de 30 años en el Congreso.
Por eso, si tan pesada es la carga, que la dejen y repartan la tarea con algunos de los que ni siquiera tienen para pasar un solo fin de semana en la montaña, que es más económico que irse de playa.
Señores políticos, todos, el futuro se hace día a día, con esfuerzo y compromiso.
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