La que nos espera
Tras este agosto bochornoso, y no lo digo sólo por el calor, nos espera un septiembre donde nos daremos cuenta de que el paréntesis vacacional sólo fue una pequeña tregua en la campaña que el Gobierno está desarrollando contra los ciudadanos. El presidente Rajoy ya es consciente de que tiene que pedir el rescate sin más dilación y que no es posible esperar a que la providencia resuelva nuestros problemas. Pero el Gobierno del PP sabe también que Bruselas no se va a andar con chiquitas y que la UE va a apretar, muy mucho, las tuercas a España. Eso se unirá a las subidas de impuestos, del IVA, de la electricidad (la enésima), etcétera, ya previstas. Después de las mal llamadas reformas, que no fueron más que recortes de derechos sociales y bajadas de salarios, los españoles están muy enfadados con los políticos, y el Gobierno, naturalmente, lo sabe. Ni qué decir tiene que cuando se anuncien todavía más y peores sacrificios, premisas para acceder al dinero europeo, la situación social se puede volver explosiva. Es por eso que la señora Merkel, el presidente Rajoy e incluso el Rey han recibido a los secretarios generales de CC OO y UGT y les han llamado a la prudencia, es decir, que los pastores estén quietecitos mientras se degüella a las ovejas.
Pero, para poder desactivar el previsible levantamiento popular no sólo es necesario que los sindicatos coman de la mano, también hace falta la complicidad de algún otro partido político importante, de los medios de comunicación y de movimientos reivindicativos con cierto prestigio social, como el 15-M. Para completar la cuadratura de este círculo, el Gobierno pretenderá incluso convencer a los ciudadanos de que todo el daño que se les hace es por su propio bien.
Por eso, el vicesecretario de organización y electoral del PP, Carlos Floriano, en una entrevista concedida a la agencia «Efe», señaló que su partido pondrá en marcha, a partir de septiembre, una campaña explicativa al máximo nivel entre los sectores y organizaciones afectados por las reformas del Gobierno, incluidos los sindicatos, a los que detallará su contenido y pedirá su complicidad. El argumento exculpatorio principal que esgrimirán los voceros del Ejecutivo será el siguiente: el Gobierno se ha visto obligado a tomar estas desagradables medidas, que no gustan a nadie, para sacar a España de la crisis y para tapar los agujeros que han dejado los socialistas, con el señor Rubalcaba a la cabeza. Como si el PP no hubiera tenido responsabilidad alguna en las fechorías que han llevado a nuestro país a la actual situación.
Sin embargo, cabe la posibilidad de que esa estrategia, tan arduamente trabajada, falle y que el Gobierno tenga que hacer lo que gritaba la diputada Andrea Fabra en el Congreso de los Diputados sin complicidad y sin vaselina. Ya veremos si los españoles se dejan.
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