Afición taurina: vergüenza nacional
Después de participar en la Manifestación Antitaurina que tuvo lugar el pasado 12 de agosto en Gijón, la cual partió de la plaza de San Miguel y llego a la plaza de toros, no dejo de pensar en que clase de gente es la que asiste a semejante barbarie de espectáculo, al llegar a la plaza de toros, una hora antes del comienzo, ya hacían cola para sacar sus entradas y ante nuestra llegada con nuestras pancartas, pitos, coreando frases del tipo «No mas tortura con nuestros impuestos», «La tortura no es arte ni cultura», «Corridas de toros ¡abolición!» «Menos violencia, mas inteligencia», «Con un poco de suerte, alguno ya no vuelve», «Si queréis ver sangre cortaros las venas» (lo confieso; estas dos últimas mis preferidas), la incomodidad por su parte hizo acto de presencia, lejos de sentir cierta vergüenza; se crecían, todo eran risas irónicas, algunas se permitían el lujo de bailar al son de las frases coreadas y alguno hubo que pidió a la policía que nos desalojaran de allí, y frente a este espectáculo pensaba que toda esa gente, en apariencia normal (hasta cierto punto, también hay que decirlo) si me la encontrara cualquier otro día por la calle no podría sospechar la clase de monstruo que alberga en su interior, pienso quizás que algo les ha tenido que pasar en sus vidas para llegar no solo a poder mantener la retina fija en el ruedo frente a visión tan triste y espeluznante si no a disfrutar con ello, quizás sus madres no les dieron todo el cariño que necesitaban, quizás maltratados, un gen de mas (o de menos), un cociente intelectual que no les deja ver mas allá de sus narices, quizá se dieron un golpe al nacer, a lo mejor descendientes de aquellos salvajes romanos, sádicos que en su vida diaria no pueden dar rienda suelta a sus horrores y encuentran en las corridas una válvula de escape, insatisfechos de sus vidas que viendo sufrir a otros encuentran alivio para sus miserables vidas, ignorantes que piensan que aquello es tradición y se sienten importantes, gente sin escrúpulos, si sentimientos, sin empatía, imagino que son los primeros en abandonar a un animal a su suerte, en llevar a sus padres a un asilo, amigos que te dejan con el culo al aire a las primeras de cambio... en fin podría estar así hasta mañana, en definitiva gentuza que no los quiero a mi lado ni respirando, pero lo peor de todo no son ellos, fue lo que vi: niños de 6, 7 años con sus correspondientes entradas en las manos, esto me dejo la sangre helada, niños que cuando vemos la película de Bambi lloramos desconsoladamente por la muerte de su madre, que tenemos ternura hacia cualquier animal, que nos gustan todos los animales, y sus padres lejos de inculcarles respeto hacia ellos los cogen de la mano y les llevan a ver en vivo y en directo la muerte de uno de la manera mas cruel, lenta, sangrienta, violenta... y ellos no pueden hacer nada, imagino sus pesadillas, traumas y finalmente aceptando aquello como algo normal, ya que son sus propios padres quienes les llevan y disfrutan con ello, ya tenemos a otro futuro insensible. ¿Dónde esta el defensor de el menor en estos casos? Esto tendría que ser ilegal y no otras cosas, ¿No se dan cuenta que ellos no se pueden defender, les obligan a asistir, a ningún niño les gusta ver semejante horror ¡a ninguno! ¿Quien les defiende? Para mi esto es inexplicable, quizá lo más sangrante de todo este tema.
Y cambiando un poco de tema, sin salirse de el, quiero compartir con ustedes un recuerdo grabado a fuego en mi memoria, la respuesta que dio María Carmen Alonso (técnico veterinario municipal de Oviedo) en una entrevista a LA NUEVA ESPAÑA el año pasado en calidad de veterinaria de la plaza de toros, a la pregunta del periodista ¿Cómo es posible que a un veterinario le gusten los toros? Ella contesta «Precisamente porque somos amantes de los animales nos gustan los toros. Tenga en cuenta que si no defendiésemos esta fiesta esta raza desaparecería» sin comentarios... Ahora entenderán, lo que a mi no me cogió por sorpresa, cuando en este año surgió todo el tema de los gatos no se llegara a ningún puerto y que sea mejor encerrar y sacrificar en el albergue que ir esterilizando, claro esto es «pecata minuta» frente a tamaña tortura ¿no creen? En fin... si pudiera pedir un deseo sin duda sería que toda esta gente a la que le gusta y defiende con tanta afición espectáculo tan deplorable fueran ellos los que salieran a la plaza en vez de los toros, que fueran toreados, puyados y finalmente atravesados por la espada hasta morir, no se permitiría indulto ninguno y yo asistiría gustoso... o mejor no, no sea que cumpliéndose mi deseo se cumpliera lo que auguraba doña Carmen y esta «raza» no desapareciera nunca.
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