De bueyes y palominos
En referencia al artículo publicado el 23 agosto de 2012 por el Señor Eugenio Suárez, titulado un« Robespierre rural», querría hacer algunas observaciones.
Supongamos suya la razón y tomemos al sujeto de Marinaleda como un remake de Curro Jiménez versión siglo XXI. Convenga conmigo que la estética ha de ser la apropiada a todo personaje estemos o no de acuerdo con su ideario; las novias, el Papa, el Comandante Cero o Idi Amín la precisan también para ser referente en sus representaciones. De manera que, tratar de rebajar a una persona por el atuendo de su personaje se me hace rácano y facilón. Hace falta más sustancia.
Que sus actos sean reprobables o admirables es harina de otro costal. Aceptemos que las cuentas cuadran como usted dice, es decir, asumiendo deuda para crear empleo y vivienda. Bueno, no es nada que no hagan otros, o sí, ya que administradores de toda índole ataviados a modo que a usted le pasarían inadvertidos crearon deuda, y mucha, sin generar empleo ni facilitar vivienda.
En cuanto a su muy exhibido acto vandálico, en el peor de los casos se trataría de robo con intimidación, acto natural del bandolerismo de toda la vida. Lo que nos llevaría a la libertad de inclinarnos del lado de la ley imperante o a simpatizar con la encarnación del bandido rural que es lo más en su categoría a que podría aspirar este pájaro. Pero convendrá, amigo Suárez, que este ave es de corto vuelo, y usted lo sabe, ya que más caga el buey que cien palominos y como mucho este rústico pilluelo es de poca monta si de comparar fechorías se trata, con la de bueyes que andan por ahí pisoteándolo todo.
Hágase el favor de pensar en ello, si quiere acabar con la maleza no pode las ramas; arranque las raíces. Si quiere apuntar más alto le recuerdo que el vocablo hecatombe significa el sacrificio de cien bueyes. Yo me apunto.
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