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La vida sigue igual... o peor

29 de Agosto del 2012 - José Manuel Fueyo Méndez (Oviedo)

Iniciamos la recta final del verano y la cosa tiene tan mala pinta como al principio: como era de suponer, el PP no tenía una varita mágica para luchar contra la crisis y está mostrando la misma impotencia que sufrían los sociatas. Una prueba más de que los dos brazos del duopolio son muy parecidos, una prueba más de que nos gobiernan más desde fuera que desde dentro y, por lo tanto, una prueba más de que no hacen falta tantos políticos en este país. Pero, claro, como depende de ellos el recortarse a sí mismos, la cosa va para largo. De hecho, Rajoy ya propuso reducir el número de parlamentarias y concejales, y los demás partidos se tiraron al monte. Los que se vuelven a tirar al monte son los «retroprogres» defensores del aborto, porque el ministro Gallardón tuvo la osadía de cuestionar esa práctica neonazi que llaman aborto eugenésico. Los del derecho a decidir no se conforman con decidir antes de la concepción y quieren disponer de una segunda decisión, convirtiendo el deber de defender el feto en derecho a destruirlo. Así son los «retroprogres»: pretenden abundar en derechos y obviar deberes. Como no hay argumentos mejores, recurren a deposiciones, como la que nos dejó la escritora Rosa Regás, que afirmó que las criaturas con minusvalías son «monstruos». ¡Qué monstruosidad! El caso es que hay una página de internet que, semana sí, semana también, cuenta el caso de alguna madre a la que los médicos aconsejaban abortar por supuestas malformaciones del feto, desoyeron la indicación médica y las criaturas nacieron sanas y salvas. Incluso una chica que llegó a ser Miss Italia se salvó de la carnicería por tener una madre «desobediente».

Otra «lumbrera retroprogre», más dado a pensar en derechos que en deberes, es el alcalde comunista de Marinaleda, que se sacó de la barba el derecho a robar en supermercados y a ocupar viviendas y piscinas ajenas, amén del derecho a cobrar dos sueldos públicos, «sin darse cuenta». Utilizando como «tonto útil» para disimular el vergonzoso espectáculo que están protagonizando los implicados en el escándalo de los ERE, el hombre juega a dárselas de «indignado», después de llevar más de treinta años en el poder. Mientras la clase política no se respete más a sí misma; mientras no se limiten los mandatos a dos o, a lo sumo, tres legislaturas; mientras no se exija una titulación académica para acceder a los cargos; mientras no se limite el aforamiento de los diputados; mientras, visto lo visto, no se sometan a un análisis psicológico que evite el acceso a la cosa pública de personas perturbadas... los políticos seguirán siendo considerados por la opinión pública el segundo problema nacional.

La vida sigue igual para los «filoterroristas» de Bildu y Amaiur, que siguen cobrando del erario público, y para los terroristas, que siguen siendo tratados con condescendencia por el Gobierno de turno. En esto tampoco se distinguen gran cosa los dos brazos del duopolio PPOE.

La vida sigue igual... para los poco o nada afectados por la crisis. A algunos incluso les va mejor: tiene bemoles que en los cinco años de crisis el empresario gallego Amancio Ortega haya triplicado su fortuna. Lo contaba de forma curiosa una periodista de la SER, cadena que presume de progresismo. Después de enumerar varias noticias negativas de aquella jornada, concluía la mujer afirmando que la única noticia positiva del día era que el señor Ortega se aupaba al tercer puesto en el «ranking» mundial de millonarios. Así razonan los «retroprogres»: consideran positivo que un ciudadano triplique su riqueza mientras la mayoría empobrece. La vida sigue igual... o peor... para los más afectados por la crisis. Por aquello de la ley de Murphy, pierden con la crisis incluso los que parece que no tienen nada que perder: leo en la prensa que se cierra el centro municipal de transeúntes de Gijón Calor y Café. En Oviedo también tenemos un centro de acogida de transeúntes llamado Calor y Café, gestionado por Cáritas, que cerró en agosto, aunque sólo por un mes. Doctores tiene nuestra querida institución caritativa, pero una cosa es que las trabajadoras disfruten de sus merecidas vacaciones y otra, muy distinta, que se eche el candado. A ver si el próximo año se busca una solución mejor

José Manuel Fueyo Méndez, Párroco de Ntra. Sra. de Covadonga, Oviedo

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