Ni bolígrafos ni fotos en el palacio de los Selgas
El pasado día 21 de agosto tres familiares –la que escribe, mi hermana y mi cuñado– acudimos a visitar las instalaciones que la Fundación Selgas-Fagalde regenta en Cudillero. Una vez en la entrada, nos solicitaron a las dos mujeres que depositáramos nuestros respectivos bolsos en unas taquillas habilitadas para ello. Acto seguido, nos dispusimos a realizar la visita. Fue en el pabellón de los bodegones donde mi hermana, como profesional especializada en restauración y, dado su interés por la materia, empezó a tomar notas interesantes sobre el patrimonio artístico que estaba viendo. En ese momento, la azafata que se encontraba en el pabellón la recriminó porque no podía hacer anotaciones. Haciendo caso a las indicaciones, mi hermana cesó en la actitud y continuamos con la visita.
Una vez que nos encontrábamos en el palacio de la quinta, irrumpen tres empleados para obligarnos a abandonar el edificio puesto que, según su criterio, estábamos infringiendo las normas de seguridad. El motivo que argumentaron fue el siguiente: no se podía ni llevar ni utilizar un bolígrafo en las instalaciones. El tono de voz y su actitud fueron en todo momento de total reproche, en voz alta, sin tener en cuenta la presencia de otros visitantes próximos a nosotros, que no sabían lo que estaba sucediendo.
Los empleados nos advirtieron de que iban a llamar a la Guardia Civil para que nos expulsaran y, cogiéndonos del brazo fuertemente, nos obligaron a acompañarlos hasta la puerta. Nuestra respuesta fue que habíamos abonado la correspondiente entrada y que no estábamos quebrantando ninguna norma. Nadie nos lo había comunicado anteriormente cuando depositamos el bolso, - por lo que proseguiríamos nuestro recorrido. A partir de ese momento, contamos con su presencia a nuestro lado en cada paso que dábamos. Asimismo, constantemente decían por el pinganillo que llevaban en sus oídos: «Sí, los tengo aquí al lado». Al mismo tiempo, cuando nos interesábamos por algún elemento concreto y nos parábamos a verlo, nos apagaban la luz.
Transcurrido aproximadamente un cuarto de hora, irrumpió en el recinto una señora que, sin acreditarse, nos exigió que abandonásemos la Fundación por transgredir las normas. No atendiendo a ningún tipo de explicación por nuestra parte, ni aportando ella razones concretas y convincentes de tal comportamiento, progresivamente fue subiendo su tono de voz y perdiendo los nervios. De su cargo sólo podemos decir que en un momento de la discusión afirmó: «Yo soy la responsable». Precisamente fue ella quien cogió por el brazo a mi hermana, la especializada en restauración, y de manera brusca fue dirigiéndola hacia la salida. En ningún momento hubo por su parte disponibilidad para mantener un diálogo. No entraba en razones.
Llegado este momento, exigimos la devolución del dinero pagado por la entrada, a lo que sí accedieron. Ya en el exterior, concretamente en el «parking», mi cuñado tomó una fotografía, produciéndose nuevamente otro altercado. La que suponemos que era su responsable entra en escena fuertemente alterada, queriendo quitarle la cámara fotográfica y afirmando que no se podían hacer fotografías. Ante el evidente estado de nervios en el que se encontraba la mujer, los empleados salieron a agarrarla para evitar lo que parecía evidente: una agresión. Mi cuñado consiguió meterse en el coche y, gracias al bloqueo automático, evitó que le abriese la puerta, tal como pretendía insistentemente.
El motivo de hacer público este hecho es el siguiente: nos hemos sentido maltratados por el personal de una Fundación como es la de Selgas-Fagalde que debería ser un ejemplo del buen hacer, no de malos modales. La actitud que han tenido todos ellos no tiene en ningún caso justificación alguna y lo único que consiguen con un tratamiento tan vejatorio como el que hemos sufrido es dejar una mala imagen de la Fundación que, además de representar la forma de vida de la familia Selgas-Fagalde, y conservar un impresionante legado cultural, debería contar con unos responsables educados, dialogantes y con un trato exquisito hacia el visitante. Muchas gracias.
Fifi Mones Casanova, María Jesús Mones Casanova y Jan Deleu. Gijón
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

