Autorreproche
Cuando en 2011 se produjo el maremoto y posterior desastre nuclear de Fukushima, la voz de los medios de comunicación fue unánime al referirse al comportamiento mostrado por un pueblo que, en unos momentos de gran sufrimiento e incalculable gravedad, mantuvo unas cotas de responsabilidad y civismo dignas de reconocimiento o admiración.
Ahora, leemos que una subida del impuesto sobre el consumo no contemplada en el programa electoral del partido que gobierna en Japón ha dado lugar a dimisiones, escisiones y confrontaciones políticas que, según parece, será la causa de anticipar la vuelta a las urnas.
La denominada «clase política» procede y se nutre de la población, no se trata de una especie distinta y ajena a la ciudadanía (aunque la conducta de algunos así lo deje entrever); por ello, el serio nivel de desafección y desconfianza de la ciudadanía hacia los políticos en nuestro país, tal como reflejan las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), ¿no lleva implícita una carga velada de censura y autorreproche sociológico y cultural?
Tanto en lo bueno como en lo malo, las actuaciones o hábitos no permanecen y, en mayor o menor medida, se transmiten por todos los estamentos y ámbitos de nuestra sociedad.
En ciertas cuestiones sociales como la longevidad o el ruido ambiental, entre España y Japón hay pocas diferencias, pero en otras parece ser que la cosa cambia.
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