Carta abierta a don Xuan Xosé Sánchez Vicente
Estimado señor:
Con fecha de 15 de agosto del año en curso aparecía publicado en la sección Tribuna de este diario un artículo por usted firmado en el cual pretende reflexionar acerca de la polémica movilización llevada a cabo en Andalucía por miembros del SAT, con la participación del diputado de IU Sánchez Gordillo.
Es bien cierto que el estilo, el tono, la propia animosidad del artículo me decepcionó y, sobremanera, viniendo de alguien a quien siempre he considerado un verdadero corredor de fondo de la política astur, con la cabeza bien amueblada y alejado de los demagógicos discursos «facilongos». Por eso le confieso que tras una primera lectura me sentí un tanto defraudado, pero –como es lógico– esa frustración, por sí sola, no justificaría la réplica que con humildad y respeto envío a LNE.
No, el motivo es otro. La razón de esta carta es trasladar a usted, por cauce público, algunas matizaciones que entiendo es preciso hacer y que constituyen elementos necesarios para que los lectores de LNE tengan otra perspectiva acerca de varias afirmaciones que realiza de manera categórica y a mi entender errónea.
Concretando:
Desde el inicio del artículo dice que el PCE se disimula tras las siglas de IU, IU-Los Verdes o Izquierda Plural. Lamento tener que concluir que o bien está usted muy mal informado o juega a la ceremonia de la confusión entremezclando organizaciones, sensibilidades y matices con el propósito manifiesto de desacreditar al PCE. Mire usted, el PCE es un partido político, legalizado, con amplios servicios prestados a esta democracia desde hace muchas décadas y que desde 1986 dejó de concurrir a elecciones a favor de un proyecto denominado Izquierda Unida en cuyo seno sigue haciendo política, así como en la calle, en los centros de trabajo y en los movimientos vecinales, sociales y culturales.
Señor Sánchez, ¿qué sentiría si alguien le dijera que el PAS se «camufla» tras otras siglas o coaliciones? Supongo que indignación, ya que es un derecho de las organizaciones políticas coaligarse o llegar a acuerdos programáticos con quien sus bases estimen oportuno.
No obstante, va más allá al cuestionar la figura del alcalde de Marinaleda y mofarse de su pañuelo saharaui al que califica de «especie de mantel a cuadros». Un hombre como usted que se reclama sensible para los hechos diferenciales de la asturianía bien podría, a mi entender, rectificar y comprender que toda seña identitaria de un pueblo merece el máximo respeto. Para mí, la montera picona y les madreñes son elementos entrañables y muy respetables, pero ni más ni menos merecedores de consideración que la palestina o el pañuelín polisario de Sánchez Gordillo.
No conforme con atacar la indumentaria, siembra la duda sobre la ética y las motivaciones últimas que inspiran la participación de alcalde de Marinaleda, quien, por cierto, ha expresado su interés en dejar de ser aforado, lo cual usted contradice en el artículo del día 15 de agosto.
Debo decir aquí que la figura de Sánchez Gordillo es ya legendaria, pues no en vano lleva de alcalde desde 1979. En ese año, más o menos, usted ya era también concejal en Piloña –si bien en su caso por las siglas del PSOE– salvo error documental por mi parte. De ser así, espero que sepa disculparme, ya que por esas fechas yo era un párvulo muy ajeno a estas cuestiones.
Así, con todo, en su «recorrido de tiro dialéctico» por la galería de IU no desperdicia la ocasión de lanzar alguna andanada al diputado Llamazares y aprovecha para culminar usted con una falacia, un tanto ruin, cuando dice que «todo régimen comunista no puede constituirse más que como una dictadura». En cambio no dice a los lectores que los más brutales y grotescos totalitarismos del siglo XX y anteriores han tenido casi siempre un componente nacionalista exacerbado, interesadamente alimentado por las élites sociales y económicas de cada lugar y época concretos. De hecho, estados tan consolidados como Yugoslavia sucumbieron desmembrados con el ascenso de los nacionalismos excluyentes. Por el contrario, en Chipre gobierna un partido comunista, votado democráticamente y formando parte de la Unión Europea en pacífica convivencia con sus vecinos y aliados.
Para finalizar, quiero decirle tan sólo que en el título del artículo «Villanos y comediantes» supongo que no engloba usted a tantos comunistas que a lo largo de la Historia de nuestro país han sabido situarse, a un coste muy elevado las más de las veces, en defensa de la libertad y el progreso, de la democracia y el pluralismo, y que hicieron posible, entre otras cosas, que usted y yo podamos expresamos, argumentando y discrepando pero sin mayores consecuencias.
Sin otro particular, me despido atentamente y le hago saber que no hay afán alguno de polémica en mi carta ni pretendo en absoluto forzar una contrarréplica por su parte, ya que doy por aclaradas las cuestiones que la lectura de su artículo me haya podido suscitar.
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