Un ferreiro imagina
En 1994 Peter Rice, ingeniero estructural que colaboró activamente en dos de los iconos arquitectónicos del siglo XX -La Ópera de Sydney y el Centro Pompidou de Paris-, escribió un delicioso libro titulado "An Engineer Imagines". En él desgranaba cómo se había ido formando su personalidad conforme participaba en cada uno de los proyectos que incluye en el texto; o, dicho de otra manera, cómo su personalidad se había reflejado en cada uno de los trabajos que habían jalonado su carrera profesional.
Es un libro que refleja la perfecta armonía de una persona enamorada de su profesión y en la que resulta complejo deslindar dónde comienza una hipotética línea laboral y dónde se define la frontera de la vida personal. Ambas facetas conviven en armonía porque no se entiende la una sin la otra.
Tener la oportunidad de disfrutar de la conversación de José María Naveiras Escanlar, Pepe El Ferreiro, siempre me dirige inexorablemente al libro de Rice. La dimensión poliédrica de su mirada, de su conocimiento y de su curiosidad por seguir aprendiendo resulta magnética. Charlar con Pepe me permite recordar que nuestra capacidad, como miembros activos de una sociedad, trasciende o debe trascender nuestra ocupación laboral. No se trata exclusivamente de que la sociedad demande nuestro esfuerzo como ingenieros, médicos o fontaneros... La sociedad demanda nuestra implicación a todos los niveles. Y si tal circunstancia no ocurre esa sociedad, progresivamente, irá empobreciéndose. Quizás al principio de manera imperceptible pero se tornará en tristemente evidente al cabo de poco tiempo.
Tuve ocasión de volver a Grandas de Salime este verano, tuve ocasión de volver a visitar el Museo Etnográfico y tuve ocasión de acercarme a disfrutar del impresionante Chao Samartín... Y tuve ocasión de, una vez más, deprimirme y desengañarme de nuestros representantes políticos... Cuando la política se convierte en modus vivendi, cuando la política deja de ser excelencia para convertirse en refugio de ignorancia, justo en ese momento la sociedad regida por esa casta se convierte en plebe y, en definitiva, en masa . De todas formas no es el objeto de estas líneas denunciar la alarmante incapacidad de dicha casta, no por conocida menos dolorosa.
Lo que sí quiero hacer es agradecer inmensamente a Pepe su labor y su trabajo desinteresado desde mi humilde posición de asturiano adoptado. También me gustaría incluir un pequeño aldabonazo a todos aquellos que no lo aprecien y respeten, en definitiva a todos aquellos que no piensen por sí mismos. El servilismo ciego es un mal endémico en nuestra sociedad de la información. Quizás sea un momento tan bueno como cualquier otro para replantearse ciertas cuestiones.
Desde los áridos campos que riega el Isuela... ¡Gracias por imaginar Pepe!
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