En Andalucía, más de lo mismo
Andalucía es una tierra hermosa, alegre y cantaora, en la que, históricamente, se conjugan y complementan los sentimientos árabes e hispanos. Que, un equivocado fundamentalismo, trata de llevar hoy por caminos también equivocados. Con casi ocho siglos de permanencia y convivencia, España tiene hoy una rica herencia cultural y arquitectónica, entre otras, como se puede ver en Granada y Córdoba. Considerando todo esto, resulta verdaderamente lamentable que árabes y cristianos, tan afines en sus religiones (profetas, Cristo y Mahoma; textos sagrados, Biblia y Corán; tiempos de penitencia, Ramadán y Cuaresma, etcétera), no convivan y se entiendan mejor. La explicación la tenemos en ese fundamentalismo, fanático y radical, que mucho perjudica a la verdadera y noble causa mahometana.
La crisis también está arreando fuerte aquí, en Andalucía. Mucho paro y muchas familias sumidas ya en la indigencia. El problema social es aquí verdaderamente preocupante, sobre todo después de lo de Marinaleda, cuyo alcalde, señor Gordillo, ha desenterrado el hacha de guerra de manera espectacular y muy peligrosa, cuyo precedente puede acarrear funestas consecuencias. Mucho de todo esto viene de aquel señoritismo feudalista, dueño de vidas y tierras, que tiranizó y explotó al jornalero, mendigando siempre un trabajo y un miserable salario. Pero no se puede llegar a los violentos extremos de Marinaleda, entre otras razones, porque los tiempos han cambiado y hoy todo se rige y defiende por cauces democráticos y constitucionales. Todo lo contrario, es ilegal y está penado por la ley.
Y la legalidad, hoy, hay que defenderla a ultranza, con esa ley en la mano y en todo el territorio nacional –vaya esto también para el fundamentalista Artur Mas, de sedicioso envenenamiento, que amenaza ya con el separatismo–, cosa que parece eludir el Gobierno de Rajoy. Este, con sus disparatados y no expuestos ni discutidos recortes –hala, ordeno y mando, a decretazo limpio–, mucho viene contribuyendo a ese malestar social que está lanzando al pueblo a la calle, y que puede terminar mandando al carajo a cuanto se creó, democráticamente, con la transición.
Por otra parte, el Gobierno andaluz, con el cuestionado Griñán a la cabeza, viene a ser más de lo mismo. La infidelidad parece afectar al matrimonio político PSOE-IU, y ya se habla de un posible divorcio. Y en cuanto al PP del vetusto Arenas, bueno, pues más de lo mismo también. Pero a pesar de todo esto, y de todos ellos, la alegría, el humor, la gracia y la simpatía siguen reinando en esta hermosa Andalucía, digna de mejor suerte y de mejores políticos...
Ricardo Luis Arias
Sevilla
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