Negligencia
Me gustaría que esta carta fuera una de tantas que merecidamente escriben las familias para agradecer al personal sanitario sus desvelos y atenciones con su familiar paciente.
Pero no es mi caso, cronológicamente explico la situación por la que mi hermano pasó, para que comprendan la indignación por una atención claramente negligente.
Ingresa un lunes en el servicio de urgencia de la Residencia sanitaria de Oviedo, porque después de haber sufrido un fuerte dolor en el estómago tres días antes, y haber tenido 39 grados de temperatura, tiene sangre en orina; después de las pruebas pertinentes, le diagnostican piedras en la vesícula y queda ingresado para seguir un tratamiento. El martes ya saben que el tratamiento no es eficaz, por lo que deciden operarle, pero no puede ser porque no hay quirófano. El jueves una enfermera le dice que le van a intervenir por la tarde, sin más explicación, tampoco lo hacen. El sábado por la tarde es intervenido de urgencia, por rotura de saco biliar, que deriva en una peritonitis. Después de 4 horas en quirófano, y 30 en reanimación, pasa a planta. También es lunes, lleva una semana ingresado. Esta hinchado de vientre, pies, cuello desfigurado. Esa misma noche se pone mal, con sensación de ahogo. Llegan a la habitación varios médicos (el mayor tendría 30 años) y deciden ponerle una sonda nasogástrica y otra rectal, por la que va echando fluidos feos negros. Sigue mal, con sensación de calor, ahogo y sudoración. La madrugada del jueves empeora alarmantemente, vuelve el comité de sabios treintañeros a la habitación y después de deliberar entre ellos dice uno que él es partidario de ingresarlo en la UVI, previa consulta a su superior. Ingresa en dicha unidad con infarto y edema pulmonar, de la que afortunadamente consigue salir una semana más tarde y ahora sí, gracias al personal eficaz y profesional que le atiende y a su fortaleza de persona sana y deportista que no fuma ni bebe, y nunca ha tomado una pastilla.
Comentando el caso con personal de enfermería, dicen que se aplicó el protocolo que es igual para todos los que ingresan con piedras en la vesícula y que el caso de mi hermano a veces sucede, y no con tan afortunado final para el paciente como para él.
¡Hay que jorobarse! Mi reflexión de persona lega en este asunto, pero con sentido común, es que no es lo mismo ingresar con un cólico que orinando sangre, por tanto el protocolo no puede ser el mismo. Esta denuncia es para quien corresponda. No sé quién es, pero que sepa que es muchísimo más barato disponer la operación, y a los 4 días a casa, que estar 21 días, operación, pruebas, 3 escáner, UVI, etcétera. Y sobre todo, la vida, que por negligencia y mala praxis se puede perder, como a punto estuvo de perderla mi querido hermano.
Buena atención y optimizar recursos es lo que debemos demandar los ciudadanos, y yo así lo hago a través de esta carta-denuncia.
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