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Triunfar en la vida

10 de Septiembre del 2012 - Antonio García de Vicuña (Mieres)

Si hay algo incuestionable en nuestra existencia, es que todos somos prescindibles, completamente, en cambio, poseemos la dudosa honra de sentirnos una pieza esencial, irremplazable, en todo este barullo de vida que nos traemos, y ese protagonismo, bajo mi punto de vista tajante egoísmo que adquirimos con total naturalidad, es fruto de modelos sociales que se han ido trasformando con el paso del tiempo. Por ejemplo, muchos jóvenes idealizan estilos de vida de personas que por su trabajo reciben grandes beneficios económicos, presentados a la sociedad por los medios de comunicación como reputados hombres de negocios, triunfadores, pese a que en muchos casos dichos honorarios sean fruto de aumentar las ganancias de su sociedad viajando a países subdesarrollados y estafando a sus habitantes o, gestores y administradores de la Banca, políticos, que ocultan y juegan con los ahorros y depósitos de millones de ciudadanos.

Padres y profesores, educadores en conjunto, insisten, desde bien temprano, en asegurarse de que sus retoños o alumnos comprendan que para triunfar en la vida es obligatorio sacar buenas notas, intentar ser el mejor de la clase y llegar a la universidad, a pesar de que está pueda ser el lugar menos estimulante y provechoso que exista para muchas personas. Pisamos, alegremente los pocos, y entre sollozos la mayoría, un centro educativo y comienza la batalla; si el discípulo posee unas habilidades intelectuales compatibles con el modelo educativo del momento, todo irá bien, será distinguido como un niño o niña inteligente, alabado constantemente por sus buenos resultados en cada circo escolar, mediante una competición férrea en destacar por encima de todos sus compañeros o, dicho de un modo más acertado, sus adversarios, sin remordimientos ni misericordia, en una lucha de todos contra todos. Y los otros, pobres de los otros, quizás poseen unas cualidades intelectuales magníficas, pero no son compatibles con el patrón didáctico de turno, sin ocasión de desarrollarlas, ni aprovecharlas, serán segregados y condenados al llamado fracaso escolar, o inevitablemente van a tener que esperar, sumisos, malgastando unos años tan relevantes para que por fin les llegue su momento, si aún no es tarde, y puedan libremente aprender y desarrollar unas capacidades intelectuales distintas, pero no por ello menos virtuosas que los triunfitos académicos.

Como toda carrera de fondo, se pone interesante entrada bien en materia, y muchos de esos adolescentes que fueron tildados de mediocres estudiantes, que tiene pelotas la cosa, acaban desarrollando una profesión que les entusiasma, les motiva día a día y enriquece sus vidas, auténticos peritos de su profesión, o eruditos en adaptarse a los cambios y sobrevivir, aspecto, éste último, que se pasa por alto en los centros educativos, cegados en baremar académicamente a los alumnos, ignorando que la inteligencia abarca más campos de los que habitualmente se analizan y que solemos considerar, entonces, aquel niño catalogado desde la infancia como perdedor, hoy nos alecciona que, en muchas ocasiones, no basta con ser un buen estudiante y cosechar muchos diplomas sino, probablemente, saber adaptarse a los cambios, interpretar acertadamente las distintas etapas y su evolución, desear aprender algo nuevo cada día, no caer en la seducción del materialismo de la sociedad moderna olvidando los valores humanos, y tener la fortuna de vivir rodeado de personas que te aprecian por lo que eres y no por lo que tienes, se convierte en la licenciatura más rentable de la actualidad, y eso sí es triunfar en la vida.

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