Fernando Lastra jubila la opinión
Dice el portavoz del PSOE en la Junta General del Principado, Fernando Lastra, que las opiniones de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, el otrora presidente de la junta extremeña, no deben ser tomadas en cuenta porque está jubilado y prefiere estimar las valoraciones de sus compañeros en ejercicio, que no tanto en activo como él dice, ya que, si nos atenemos a la segunda acepción del DRAE para este adjetivo activo: diligente y eficaz-, no responde verazmente esta definición al desempeño de la función política.
En realidad, Fernando Lastra, pretende jubilar la opinión. Viene a decirnos que los criterios contrarios al mantenimiento de su statu quo, solo han de ser tenidos en cuenta si son emitidos por otro colega con su mismo statu quo, es decir, con los mismos intereses corporativos, por tanto económicos.
Aunque sus declaraciones dejan entrever una falta de sensibilidad democrática rayana en el desprecio más absoluto al derecho de opinión, la torpeza política es aún más grave cuanto que desdeña a un colectivo numeroso, el de los jubilados, que se han ganado por derecho propio y razones obvias un puesto de honor en la valoración del proceso político democrático y la aportación de ideas. Absténganse los jubilados y demás ciudadanos de emitir cualquier opinión dañina para los intereses de Lastra. Sólo le está permitido opinar al gremio profesional de la política que, como él, entiende de asuntos propios.
Hasta el día de hoy, Fernando Lastra, que si no fuera por la política iba a pasar más fame que Carpanta -palabras de Pelayo Roces-, (tengo para mí que de no ser por la política, Lastra, aún estaría en el paro), solo hizo que vivir soltando exabruptos o eructos mentales. Siempre buscando la forma de seguir viviendo del salario político ya que su currículum no le reconoce otra forma de ganarse la vida. Uno más de los muchos políticos en ejercicio, que antepone el bienestar de su organización, que es el propio, al del Estado, que somos todos.
Este leguleyo de altos vuelos y corto recorrido, serio y riguroso, de vez en cuando enseña la oreja, como en el caso que nos ocupa. ¿Cómo es posible que contando el PSOE con un diputado tan versado en leyes estatutarias, de procedimiento parlamentario y de todo tipo, haya dejado a su compañera de partido, Ana Rosa Migoya, perder todas las causas judiciales en las que se vio inmerso su departamento? Mal camarada este Fernando Lastra solo preocupado por su currículum político.
Tampoco dice nada Fernando Lastra, no vaya a ser que le toque a él quedarse fuera de juego, sobre reducir de 45 a 35 el número de diputados del Parlamento asturiano, porque para esto no se necesita modificar la ley electoral ya que está contemplado el funcionamiento de la cámara con un mínimo de 35 diputados.
La enseñanza que nos dejan las declaraciones emitidas por Lastra, es que todos estos profesionales de la política tan confiados y seguros se encuentran en sus despachos dorados, que pierden la máscara pétrea con demasiada facilidad y dejan al descubierto la falta de sensibilidad cívica que adorna su pensamiento político. La única razón de ser y actuar de este mártir de la causa socialista es el interés propio, no el colectivo. Algunos políticos como Fernando Lastra, que parecen llevar muy mal la cruz de la libertad de opinión, todavía no despejaron con claridad el interrogante ideológico.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

