¿Qué es eso del franquismo?
Historiadores, políticos, todo el mundo habla del «franquismo» para referirse al período de nuestra historia que finalizó el 20 de noviembre de 1975.
Pero cabe preguntarse: ¿qué es eso del «franquismo»?
Se conocen los sistemas comunista, fascista, nacionalsocialista, liberal demócrata, etcétera, pero no existe en la historia de las doctrinas y de los sistemas políticos uno que se denomine «franquismo».
Francisco Franco no era un doctrinario político, ni un dirigente de un partido político. Era un militar profesional.
Pero las circunstancias históricas determinaron que la junta militar que dirigía el alzamiento nacional del 18 de julio de 1936 tomase el acuerdo de unificar el mando militar y nombrar un jefe. El cargo le fue ofrecido al general Francisco Franco, quien para aceptarlo propuso que llevase unida la jefatura del Estado, lo que fue aceptado por la junta.
Francisco Franco, de 43 años, general desde los 33 años, era el más joven de los generales que protagonizaron el alzamiento y era consciente de que si difícil iba a ser ganar la guerra, no menos lo sería ganar la paz, el que ésta se malograse por divisiones y enfrentamientos entre las diversas fuerzas participantes. Y esto exigía unidad de mando, disciplina, orden, sacrificios y coincidencias en lo fundamental, en lo común.
Todas las fuerzas nacionales tenían confianza en el general Franco por sus virtudes humanas y profesionales, la ejemplaridad de su vida, su religiosidad y su patriotismo.
Además, Franco no estaba comprometido con ninguna facción y esto le daba una independencia de criterio.
Su prestigio aumentó con la victoria conseguida, que fortaleció su liderazgo.
Francisco Franco se dispuso a superar las dificultades derivadas del atraso económico y social de España, agravado por las pérdidas humanas y materiales ocasionadas por la guerra civil, a las que se unieron las derivadas de la II Guerra Mundial, que obligó a mantener movilizados varios reemplazos, cuando más necesarios eran los jóvenes para la reconstrucción de España.
Franco no era un político, no era un doctrinario, pero tenía idea clara de cuáles eran los ideales comunes por los que habían luchado las fuerzas nacionales y de los males que habían llevado a los españoles al enfrentamiento armado.
Estos ideales eran:
En primer lugar, el sentido católico del hombre y de la vida.
En segundo lugar, la idea de la patria como quehacer común de todos los españoles y la irrevocable unidad de España.
En tercer lugar, la urgente e imperiosa necesidad de realizar una profunda justicia social, exigencia del sentido católico y nacional.
Todos estos ideales exigían crear un sistema político que superase los males que habían llevado a España a aquella situación.
Había que superar la democracia partitocrática y relativista que había dividido y enfrentado a los españoles.
Había que superar las luchas de clases de orientación marxista, que habían enfrentado a empresarios y trabajadores y destruía la economía nacional.
Había que superar los separatismos nacionalistas que rompían la unidad de España.
Y a esta tarea de edificar un nuevo estado se dedicaron Francisco Franco y los hombres del movimiento nacional.
Franco no era, como queda dicho, un doctrinario político, no era un jurista, pero contaba con los hombres que estaban preparados para hacer realidad dichos ideales.
La configuración del nuevo Estado se realizó mediante una constitución abierta, integrada por las siguientes leyes fundamentales:
- El Fuero del Trabajo, en 1938, Carta Magna del Trabajo.
- La ley de Cortes, en 1942. Establece el sistema representativo del pueblo español.
- La ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, en 1947.
- La ley de Referéndum Nacional, en 1947. Para determinadas leyes de importancia trascendental.
- La ley de Principios del Movimiento Nacional, en 1958. Señala los principios en que el régimen se asienta y que son por su propia naturaleza permanentes e intangibles, no sujetos a referéndum nacional para su derogación.
- La ley orgánica del Estado, en 1967. En ella se estructura toda la organización del Estado: jefatura, gobierno, justicia, fuerzas armadas, etcétera.
Con esta Constitución se desarrolla un sistema de democracia orgánica en el que la participación del pueblo español en las funciones públicas no se efectúa a través de la partitocracia, sino de las instituciones básicas de la sociedad: familia, municipio, sindicato y otras importantes instituciones profesionales y culturales. Y este sistema lo crearon los hombres del movimiento nacional, bajo la jefatura de Francisco Franco, que coordinaba y velaba por que los ideales del alzamiento fueran realizados.
Es cierto que Franco tuvo unos poderes excepcionales, absolutamente necesarios en aquellas circunstancias históricas, pero el régimen no fue obra exclusivamente suya, sino de la colaboración de los hombres identificados con los ideales del alzamiento y excepcionalmente preparados.
Hablar, pues, de «franquismo» para definir un régimen es un reduccionismo que ha sido hábilmente utilizado para centrar el régimen en su persona, demonizarla, golpearla por arriba y por abajo, por la derecha y por la izquierda, por el centro, ocultando lo que realmente fueron el régimen, sus instituciones, sus obras o, lo que es peor aún, falseándolo o tervigersándolo.
La realidad es que bajo el sistema de democracia orgánica, España vivió su más largo período de paz, de orden, de pleno empleo, de normal funcionamiento de ayuntamientos, diputaciones, Cortes, etcétera, y con un desarrollo económico, social, moral, cultural sin precedentes. Basta comparar la España de 1936 con la de noviembre de 1975.
Y el régimen no desapareció por la muerte de Francisco Franco, sino porque su sucesor en la Jefatura del Estado, incumpliendo sus juramentos, decidió reimplantar el sistema de democracia partitocrática y relativista existente en el año 1936, salvo, claro, en la forma monárquica del Estado. Pero no parece que el paraíso prometido haya tenido efectividad.
Julio García García
Oviedo
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