Pecharromán: un soplo de aire fresco necesario en el PP
Tengo la fortuna de pertenecer a la generación de españoles y asturianos que crecimos y desarrollamos nuestra vida en democracia. Tal vez por ello nunca me vi atada incondicionalmente a un ideario. Mis mayores me inculcaron la obligación y el derecho de votar, de expresar mi opinión y mi apoyo a una candidatura en las urnas. Con estos vientos favorables, mi singladura personal me llevó a simpatizar primero y confiar después en el Partido Popular.
Como ser votante del PP no conlleva cerrazón ni subjetividad para ver la realidad, aunque algunos afirman que sí y mejor se miraban el ombligo de sus propias formaciones, en el último congreso regional colaboré para que la candidatura de Juan Morales y la corriente renovadora de la que era mascarón de proa se sometiera al voto de los congresistas. Ya el proceso a nivel de juntas locales soltaba un tufo a pucherazo con medidas y maneras de coacción totalmente inadmisibles que quise pensar entonces, y quiero pensar ahora que se abre una nueva etapa, eran habladurías de veteranos militantes de base.
Ver cómo el PP a nivel nacional se convertía en una firme y eficaz oposición era ver cómo el PP asturiano era un esperpento de la realidad del partido y se convertía en una formación política asturiana convertida por sus dirigentes y sus mandamases regionales en un partido perdedor, sin perspectivas de un futuro de victoria electoral a nivel regional, y sus apoltronados, dispuestos a defender con uñas y dientes sus feudos locales sacrificando la victoria en la Junta del Principado, los mismos que ahora sonríen en la foto.
Después vino Francisco Álvarez-Cascos. Sus promesas de dar voz a las bases, su talante de trabajador eficiente y en busca de efectividad. La inmensa mayoría de personas de mi generación y cientos de militantes de FAC despertamos del sueño en la pesadilla de la mañana del congreso constituyente, culminado con el discurso del ya presidente del partido en la tarde. Ver ahora la trayectoria de Cascos y su FAC me ahorra gastar tinta en contar lo que se ve a simple vista: más de lo mismo, con casi los mismos.
No dejé, pese a todo, mi fe en la democracia ni dejé de ejercer mi derecho al voto, puede que perdida la inocencia política, pero con la serena objetividad de la veterana de mil batallas observo la realidad política asturiana y cómo no pasa el tiempo por ella: siguen los mismos y las mismas.
Pero es en los momentos críticos de aparente normalidad cuando surgen los verdaderos políticos. Por esto, cuando vi la valentía de Pecharromán al dar un paso al frente y enarbolar la bandera de la alternativa y la renovación, supe que era la hora de volver a luchar. Quiero creer que Génova velará por la pulcritud del proceso, que ya en una primera fase tiene la corroboración de que la candidatura de Pecharromán es real y no un juego floral de poesías estratégicas con vistas al congreso: está logrando que quienes dejamos el PP, y luego al hijo pródigo del mismo convertido en mercenario disfrazado de partisano, veamos luz en el horizonte y regresemos a donde nos obligaron a salir: al PP asturiano, y a apoyar y a trabajar por que la candidatura de Pecharromán salga adelante.
Será un camino tortuoso, pero Pecharromán no camina solo porque su soplo de aire fresco impulsa los vientos que pueden hacer que la nave de la democracia interna en el PP asturiano dé un paso decisivo e irrevocable para la singladura de llegar a gobernar en el Principado de Asturias, y demostrar que los cargos políticos no son vitalicios y son las bases quienes aúpan a los líderes y que los líderes no deben auparse sobre las bases sin la aprobación de las mismas.
Gracias por devolver la ilusión, compañero Pecharromán.
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