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Al profesor Alfredo F. Ojanguren

1 de Octubre del 2012 - Eugenio García y 17 firmas más (Tanes (Caso))

El pasado 9 de septiembre escribía usted un artículo en LA NUEVA ESPAÑA sobre «el mito de los paisanos de campo como guardianes de la naturaleza» para defender lo hecho en Nueva York con los bosques como ecosistema de aporte de agua. Pone como ejemplos lo hecho en aquella ciudad y «las restricciones a la intensidad de la explotación» en los montes de Caso. Hombre, como casinos, nos halaga que nos compare con Nueva York, pero, con todos los respetos de los que formamos esta quinta del 56, debe usted explicarse mejor.

Verá, los casinos no pensamos que quieran que se eliminen restricciones para perjudicar a la mayoría de los asturianos que bebe el agua de las montañas y montes que nos han visto nacer. Se habrá fijado, hablamos de montañas y montes, porque importantes fuentes y manantiales del Nalón en su origen nacen en la montaña, en los pisos o cinturones de vegetación más altos, donde el bosque está en su último estadio, cuando no fuera de él.

Los casinos que viven en Caso son 1.800 en números redondos, la edad media puede usted imaginarla, y son muy pocos los que viven de lo que ofrece su tierra; la mayoría, ganaderos de explotaciones pequeñas que no pueden competir con las de la marina ni, por supuesto, con las de otras partes de España y Europa, salvo por la calidad de sus pastos y la carne de raza. Pero todos los casinos que viven en su tierra y alguno que no aún cultivamos alguna huerta y cortamos leña para el llar o la chimenea de nuestros montes. Si hubiese estadísticas fiables, la madera que hoy se corta con los medios disponibles no llegaría al 10% de lo que se cortaba en la fecha en que se construyó el pantano de La Magdalena y Tanes, en 1978, y que ilustra la fotografía de su artículo. Puede usted observar el paisaje casín de entonces en la publicación de José Ramón Lueje sobre la cordillera Cantábrica y contrastarlo con el actual, igual que el de otros concejos.

En el monte que da nombre al Parque Natural de Redes, en la pista a Brañagallones, aún se conserva un recodo con el hombre de Collaín de los Madreñeros, porque desde allí descendían al fondo de la garganta del río Monasterio para regresar desde Cuafó con la madera que cortaban con tronzador y hacha de la época, ya troceada y pretallada para aligerar la carga de las caballerías. Más abajo se cortaba la castañar para los cierres típicos de las fincas, tan típicos que van a dejar de serlo, porque hoy muchos ya no se cierran ni con madera ni con nada. El fresno y el acebo se podaban para forraje del ganado, así los acebos no se morían y con la nieve seguían protegiendo al urogallo. Ni los vecinos de entonces en el monte, ni los tronzadores, hachas, martillos y puntas para cerrar eran mudos, y ni los barrenos para hacer la propia pista acabaron con los urogallos, ni con los animales. Cuando había que uncir la pareja para tirar de las vigas que se cortaban, el dueño tenía que procurar evitar que moscaren, si no, adiós faena. Y cuando un vecino tenía una parcela de monte de castaño, por ejemplo, para cortar, lo hacía por necesidad y con la autorización de la guardería. Ahora es tiempo de necesidad, y encima la madera no se paga bien, pero además el castaño, a partir de los 20 o 25 años, es bueno cortarlo para que se adapte al cambio climático que tanto preocupa a algunos y que no provocaron ni los casinos ni otros muchos, verdaderos guardianes de la naturaleza. Ni el pláganu, que está empezando a campar a sus anchas en el corazón de Redes, ni los pinos los llevamos allí los casinos.

Señor Ojanguren, con todos los respetos, usted puede usar el ordenador de última generación en su trabajo, ir a Escocia y volver a Asturias en avión contribuyendo al calentamiento de la tierra y al cambio climático que, parece, va a repercutir tanto en la satisfacción de las necesidades de agua de la población, cuando bien podría usar la pizarra tradicional y el barco de vela, por ejemplo, pero no pretenda condenar a los pocos casinos que quedamos, como en otros lugares, a no poder usar nuestros vehículos, el tractor o la motosierra, teorizando sobre nuestra vida.

Eugenio García y 17 firmas más

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