Desempleo
Con una situación que nos sobrepasa, no atendemos a consejos y, para colmo, le tenemos animadversión a quien nos los da. Sin caridad alguna, creemos que los males sólo pasan a los otros, que a nosotros esas calamidades nunca nos pasarán. Sin embargo, la interdependencia es global y global será la solución a los problemas, o no lo será. O todos, o ninguno (incluida Grecia).
«El paro provoca hoy nuevas formas de irrelevancia económica, y la actual crisis sólo puede empeorar dicha situación. El estar sin trabajo durante mucho tiempo, o la dependencia prolongada de la asistencia pública o privada, mina la libertad y la creatividad de la persona y sus relaciones familiares y sociales con graves daños». Debemos ser conscientes de que como el trabajo es la forma que tenemos para el reparto de la riqueza, lo primero que debemos hacer es repartirlo y, antes, generar la actividad. Si como empresa tenemos que recorrer cuatrocientos metros, me da la impresión de que el equipo de 4x100 relevos es más eficaz que el que corre en solitario. Aumentar las horas de trabajo de las personas y explotarlas excluyendo a otras de tal esfuerzo, no es la respuesta. Es preciso «que las opciones económicas no hagan aumentar de manera excesiva y moralmente inaceptable las desigualdades y que se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos, o lo mantengan». El Estado, el Mercado, y la Sociedad civil, tienen que tener en cuenta que si hay que recortar salarios y beneficios a cambio de empleo, debemos hacerlo. «Se ha de considerar equivocada la visión de quienes piensan que la economía de mercado tiene necesidad estructural de una cuota de pobreza y de subdesarrollo para funcionar mejor», que el desempleo estructural abarata el empleo y que la explotación masiva de éste nos hace competitivos, porque, lo que lo que realmente nos hace, es ser suicidas. «Es importante destacar, además, que la vía solidaria hacia el desarrollo de los países pobres puede ser un proyecto de solución de la crisis global». Si no lo vemos, esto es el fin de la Historia (y por inhumanidad) al elegir la muerte y no la vida.
La competitividad no pasa por la desmotivación y el apretar las tuercas a las gentes. El sinsentido que vemos en Grecia es brutal. Con la cantidad de trabajo que hay por hacer, ¿cómo es posible que los mercados pongan al mundo en inactividad y desempleo? «La actividad económica no puede resolver todos los problemas sociales ampliando sin más la lógica mercantil. Sino que debe estar ordenada a la consecución del bien común». La economía no puede cargarse el bienestar, la máquina no puede destruir su producto. Si lo hace, es que averiada no funciona, y entonces debemos innovar y rediseñar el sistema: o por lo civil, o por lo penal. La política no puede seguir supeditada a entes ajenos al servicio de las personas. ¡Aumentemos la actividad de la Sociedad civil, repartamos el esfuerzo, que triunfe la verdad, que la ignorancia sea vencida! No es que la Universidad deba venderse (FADE dixit), es que las empresas deben ir a comprar a la Universidad. Así lo hacen los buenos empresarios, como constatan nuestros universitarios fuera de Asturias (incluso vienen a buscarlos desde Alemania). Ciertamente algo habrá que hacer y cambiar, ¿no creen? La empleabilidad y el conocimiento es de las personas, el empleo del empresario.
P.S.: Los entrecomillados son de «Caritas in Veritate».
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