La responsabilidad de los médicos
Me lleva a escribir esta carta la indignación que siento después de leer una declaraciones de la señora Susana Pérez Alonso, a la sazón, algo así como la presidenta de la Asociación de Usuarios de la Sanidad Pública, cargo y asociación, que, como todos ya sabemos, es indispensable para el buen funcionamiento de un sistema social civilizado y que yo –en qué estaría pensando, seguro que en mi próximo palo de golf, soy médico, claro– envuelto en una vergonzosa ignorancia, desconocía.
Me gustaría saber a qué se dedica esta señora, hacia dónde dirige todo su empeño para resolver el problema que agobia a miles de ciudadanos –entre los que también hay médicos, mucho médico en paro, señora Susana–, pienso en qué clase de sacrificio la está elevando al lugar desde el que habla o si, por el contrario, básicamente, se dedica a airear esta clase de populismo barato, sin estilo y de muy mal gusto.
Quisiera recordarle a ella en concreto, pero también a la población, por si hubiera algún idiota al que se le ocurriera solidarizarse con la abominable causa médica, que nosotros, los médicos, ya estamos «trabajando en ello», ya hace meses que se nos ha reducido el sueldo y se nos ha visto privado de pagas extraordinarias y, sin embargo, pese a nuestro patetismo, no hemos rechistado; la atención, la prestación social ofrecida, no ha variado.
Nosotros, los médicos, la medicina pública, hemos seguido actuando con el mismo empeño y la misma dedicación y a la misma velocidad que antes, aceptando, quizás de forma estúpida, la situación; en fin, qué se le va a hacer, etcétera.
Pero sí; ahora estamos indignados y dispuestos a la huelga, porque nos sentimos humillados e impotentes, ante la Administración primero, pero también ante la sociedad si se deja llevar por opiniones tabernarias como las de esta señora.
Habla de sueldos de 6.000 euros (¿qué clase de médicos conoce usted?) y miente a sabiendas, quizá porque carece de argumentos sólidos para opinar, pero también consciente de lo fácil que es manejar la opinión pública con este tipo de mensaje.
Me apetece hablarle a usted de la enorme responsabilidad que soportamos los médicos, responsabilidad que quizá llegue a percibir si algún día usted o algún ser querido enferma, y se ve necesitada de nuestra atención.
A usted y a la población en general, pero sobre todo a usted, me gustaría explicarle que el sistema sanitario al que estamos habituados tiene un precio, y resulta muy fácil decirles a los médicos: «Venga, a bajarse el sueldo y a trabajar más horas; pero, eso sí, si nos ponemos enfermos, queremos la misma calidad asistencial que ha habido hasta ahora, no queremos esperar, queremos todas esas pruebas y las queremos ya, que se nos atienda amablemente y que, faltaría más, el médico acierte y nos cure, que para eso le pago».
Señora Susana, la medicina es una cosa y el sistema sanitario, otra; intuyo que su púlpito es un buen lugar para enseñarle esta diferencia a la población, y no tratar de dirigirla con mentiras malintencionadas.
No engañe. Si usted quiere un sistema sanitario moderno y eficaz y que los profesionales que lo sostienen –entre ellos los médicos, pero también enfermeros, auxiliares, etcétera– realicen su trabajo reconfortados, motivados, orgullosos de desarrollar su profesión, se requiere de un trato acorde por parte de la sociedad y de la Administración, y la recompensa económica, no seamos hipócritas, forma parte de ese trato.
Estamos muy cansados de que se nos exija, a cambio de un trato cada vez peor, cada vez más degradante, trato que se ve perfectamente reflejado en declaraciones tan irresponsables como la tuya.
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