Asturias y Cataluña, separadas
Estoy sorprendido, confuso, desorientado, no comprendo nada. Aunque procuro seguir con atención los acontecimientos de nuestro país, estos últimos años me están causando un gran malestar, mis sentimientos van dirigidos a los jóvenes, a los que veo vivir con un porvenir que los deja sin esperanza, sin nada que ofrecerles para ver cumplidas sus ilusiones. Y digo que les dejan porque yo paso de los 80 años, he conocido tiempos muy difíciles. Sin democracia no se podía hablar, había que trabajar por muy poco dinero, se pagaban pocos impuestos y no eran muchos los que mandaban, la vida ofrecía pocas ilusiones y lo pasabas mal si pretendías ser algo liberal.
La democracia que esperábamos nunca llegó, se la montaron para que unos cuantos puedan vivir a costa de los demás. Los partidos políticos son más parecidos a sectas que a otra cosa, la mayor parte de sus afiliados lo hace para poder medrar. Las libertades favorecen a los vagos y maleantes, se puede robar sin que pase nada; y si te detienen, a los pocos años estás en libertad y eres rico.
A más libertad, y cuanto más mejor, la justicia debiera ser severísima con quien delinque, con quien no cumpla las reglas, sean graves o leves, y llegar a la cadena perpetua si fuera necesario, sobre todo cuando un cargo público se aprovecha de su situación para hacerse rico. Así no podía disfrutar de lo robado.
Los partidos políticos deberían establecer la democracia modificando todo lo que en la actualidad favorece a algunos de ellos. Lo más importante de la democracia es, en primer lugar, que todos somos iguales ante la ley.
Soy asturiano, me siento orgulloso de pertenecer a esta región, soy natural de un concejo de poco menos de diez mil habitantes que durante cuatro reinados fue la capital del reino cristiano de España durante la dominación árabe, siglo IX. También me siento español porque mi región pertenece a ese país. A mi Asturias, a los romanos, en el siglo I, les costó, más que a ningún otro pueblo de España, someterla a su dominio. Tenemos un idioma regional que se llama el bable formado por su origen latino y muchas palabras de origen celta. Durante muchos siglos estuvimos separados del resto de España por las cordilleras que nos separaban de la Meseta y hacían difícil el tránsito de personas de uno a otro lados. Hasta hace pocos años no existían carreteras y mucho menos el ferrocarril. Nuestros orígenes y singularidad perduraron a través de los tiempos.
Somos distintos, pero no somos diferentes, somos asturianos y españoles, nunca pretendimos otra cosa; por eso me sorprende y me desorienta la actitud de los catalanes. ¿Quiénes son?, ¿qué antecedentes tienen?, ¿qué les pasa con el resto de los españoles, incluidos nosotros?, ¿qué daño les hacemos, además de comprar los productos que ellos fabrican? No lo entiendo, pero todo parece indicar, por las manifestaciones multitudinarias que están viendo, que se quieren separar del resto de España.
Soy un ciudadano de a pie, ni sociólogo, ni político, ni literato; soy un octogenario al que pocas cosas deberían sorprender y creo, como demócrata, asturiano y español, que a quienes no estén a gusto en nuestra compañía deberíamos dejarlos marchar y adiós muy buenas. Para estar bien separados, que es lo que ellos quieren, pondríamos fronteras en sus límites, nuestros trenes y los de ellos, si los tienen, solamente llegarían hasta la frontera, sus productos pagarían en nuestras aduanas el canon correspondiente, al no estar en la CEE tendrían su propia moneda... Como extranjeros que quieren ser, para entrar en nuestro país tendrían que hacerlo a través de un pasaporte. Nuestro Gobierno debería compensar a aquellas industrias de las que carecemos por estar en la actualidad en Cataluña para establecerse en nuestro territorio.
No compliquemos el asunto, la mayoría de los catalanes quiere separarse, seamos demócratas y separémonos, pero con todas las consecuencias, en su estado hablando catalán y en el nuestro el español, ellos contentos y nosotros también.
José Luis Suárez Rodríguez
Pravia
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