Disparos morales

23 de Octubre del 2012 - José Manuel Estrada Álvarez (Oviedo)

Aunque parece que fue ayer, ya han pasado tres largos años desde que cinco disparos a bocajarro acabaran con la vida de Severino Gallego en su casa de Soto de Luiña. En esta ocasión no fue una banda de albano kosovares, ni de rumanos, ni ningún tipo de organización que tan de actualidad están ahora y que llevan campando a sus anchas impunemente por este país nuestro. En aquella ocasión fue la mitad del cargador de un número de la Guardia Civil el que se llevó la vida de Severino.

La otra mitad está siendo usada por quien debería impartir justicia contra unos hijos, una mujer y unos nietos que, lejos de recibir por lo menos una respuesta, los acallan con laberintos burocráticos, calladas por respuesta y un vuelva usted mañana.

La rapidez vertiginosa del dedo que apretó el gatillo es inversamente proporcional a la lentitud con la que Su Señoría empuña el mazo para dictar sentencia, pero aún lejos de dictarla, ni siquiera hay indicios de cuándo se pueda celebrar el juicio.

Desconozco las urgencias y las prioridades del juez o de la juez de los juzgados de Pravia, pero creo que más de tres años ya son suficientes para que al menos este magistrado o magistrada tenga la condescendencia o simplemente el tacto de dar información a unos familiares que están recibiendo el tiro de gracia de la desesperación y el ninguneo.

Quizás Severino no hubiera sido el mejor padre, ni el mejor marido, tal vez no el mejor vecino, pero era una persona. Y sus hijos tienen derechos, unos derechos que están siendo sesgados por la incompetencia de una justicia que se manifiesta una vez sí y otra también reclamando medios y mejoras, los cuales no se ven reflejados en quienes realmente tendrían que ser los beneficiados, porque señor o señora juez, el día 1 del mes que viene los huesos para algunos serán un dulce manjar que llevarse a la boca, mientras que para una familia en el concejo de Cudillero serán una amarga espera sin respuesta, que se está alargando por placer, incompetencia o dejadez de quien corresponda.

Desconozco si estas líneas son constitutivas de delito, mis conocimientos legales no alcanzan tal extremo, pero estoy seguro que si la moneda, aquella trágica noche de septiembre de 2009, hubiera caído del otro lado, todo esto ya se hubiera resuelto.

¿Cuánto más hay que seguir esperando, las reclamaciones que se están haciendo sirven de algo? Quizás los disparos a quemarropa hayan quitado una vida, pero las detonaciones morales por parte de la justicia han dejado moribundos y desesperados a una familia que pide algo tan esencial, pero a la vista tan difícil, como es justicia.

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