112, ¡gracias!
Gracias. Y mil veces lo haré y recordaré. El pasado día 6, durante una excursión por la zona de Teverga, junto a mi marido, tuvimos la mala suerte de sufrir un accidente que, aunque no tuvo consecuencias fatales, sí pudo haberlas tenido, ya que tanto por el lugar como por la circunstancia de falta de cobertura en el móvil y lo inaccesible (para mí) del camino, me sentí tan impotente y tan sola viendo a mi marido sin conocimiento y a varios metros en un desnivel sin posible bajada, sangrando y casi hundido en el agua de la cascada, que bien pensé que era su último día.
Como suele suceder en estas situaciones, se impone la razón y con la poca tranquilidad que me quedaba di con la solución: ¡el 112! Nunca dejaré de estar agradecida y admirada por la eficiencia y profesionalidad de sus integrantes. Desde mi llamada hasta la llegada del helicóptero creo que no pasaron más allá de quince minutos.
Gracias al rescatador, que fue el primero en contactar con él, y darme esperanzas. Gracias al médico que, descolgándose con el cable, llegó a prestarle los primeros auxilios. Gracias al piloto, que me localizó al primer intento y... en fin, gracias a todo el personal de emergencias por su dedicación y profesionalidad.
Yolanda Cuesta
Morcín
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