El Gobierno y los montes
Resulta difícil resignarse a vivir en un país que se encuentra abocado o rozando el tercermundismo, padeciendo una crisis debida en su mayor medida a la incompetencia de sus gobernantes, preocupados solamente por mantener sus votos y privilegios. Este entrante, aplicando el refrán de «Pagan justos por pecadores» es injusto y ofensivo para con los administradores que cumplen con su trabajo. En esta situación nos encontramos los ganaderos cuando pretenden restringir el acceso de los animales a los pastos comunales, como castigo ejemplarizante por unas quemas de las que se desconoce el causante. Con esta medida se debilitaría otro sector ya suficientemente castigado, y la considero innecesaria cuando todos buscamos lo mismo, la sostenibilidad de los montes, y cuando con el diálogo sería suficiente.
El alcalde de Pola de Allande, José Antonio Mesa, partidario del cierre, a la pregunta de en qué medida el acotamiento puede afectar de manera negativa la ganadería del concejo contesta que no lo cree, ya que «son pastos que se aprovechan, pero todo el mundo tiene sus propias praderías para alimentar al ganado». Es evidente que el ganadero tiene praderías, pero no conozco a nadie que las desaproveche por echar sus vacas al riesgo del monte pudiendo mantenerlas en la comodidad y seguridad de los prados y, por lo tanto, la mantención de esa ganadería durante el tiempo que habitualmente sube a los pastos sería a base de comprar concentrados y forrajes. Teniendo en cuenta el desorbitado precio que están alcanzando estos productos y la situación en que nos encontramos, es obvio que no sería fácil para el ganadero. Es comprensible que las obligaciones del cargo y percibir un sueldo a fin de mes puedan llegar a crear un distanciamiento de la problemática del pueblo y de estos costes económicos.
Se apunta Fructuoso Postigo, presidente de la Coordinadora Ecologista de Asturias, y dice: «Cuando unos ganaderos se vean perjudicados por lo que queman otros, ya impedirán que lo hagan». Desconozco la formación de esta persona, pero parece ir más allá de la obsesión acotadora, llegando incluso a conocimientos del comportamiento humano como la sociología y criminología. Pensé que en esta democracia también se partía del principio de la inocencia hasta que se demuestre lo contrario, porque ante la imposibilidad de ponerle puertas al monte, pirómano puede ser cualquiera, quedando los ganaderos como culpables ante incendios fortuitos, incendios de carácter enfermizo, o del malintencionado que decida perjudicar a nuestro colectivo. El señor Fructuoso también pretende de nosotros una labor policial o de espionaje, algo así como apostarnos por las esquinas de la sierra armados de visores y garrotes a la espera del infractor. En fin.
Considero la ecología bien fundamentada algo primordial, pero contradictoria y verde en algunos asuntos. Le cuento.
Recientemente solicitamos varios ganaderos permiso para un sencillo cierre limítrofe con el pueblo, que solo impediría el muy peligroso acceso de las vacas y caballos a la carretera; se denegó porque interrumpiría el libre paso de la fauna. A continuación se han vuelto a repoblar de pinos partes de estos montes, con sus correspondientes cercas de cuatro hilos de alambre espinoso, es de suponer que en este caso la fauna ya había sido provista de sus necesarios alicates. Para compensar la foránea plantación, daría una buena imagen que alguna plataforma ecologista se personara por aquí y promoviera la recuperación de un trocito de monte con bosque autóctono. Le animo, Fructuoso, a conseguir el permiso correspondiente, no faltarán voluntarios que sin jornal alguno, yo gustosamente entre ellos, le ayudemos a dar salida a ese vigor verde con la plantación de un bosque de esas características.
El problema que pudiera generar el ganadero se solucionaría facilitando las oportunas quemas controladas, como se hacía antaño, antes de que la Administración se erigiera en gestora de estas sierras, donde pastaban caballos, vacas, ovejas, que convivían con la variada fauna salvaje, entre ella hasta la actualmente desconocida águila. Entonces el Estado no interfería en el manejo de este territorio, nuestros antepasados se bastaban con el buen hacer de la costumbre, fruto de la experiencia. Quemaban el matorral o monte bajo de manera inofensiva, escogiendo el mejor momento para no dañar las raíces y que las cenizas fertilizaran el suelo, con la responsabilidad del que cuida lo que aprecia. Responsabilidad que hay que promover no con medidas intimidatorias, sino con la formación y el consenso.
En la posguerra se rompió este equilibrio cuando alguien decidió plantar de pinos estas sierras, con el consiguiente impacto que supuso no solo para la economía de la zona con la forzosa retirada de los animales, sino para el monte, que se convirtió en un erial de maleza y de egoístas coníferas. Después, durante la transición, no sé si por venganza, se quemó todo, desde aquí hasta Finisterre.
Y volvimos perseverantes al monte, con ilusión y esa querencia cabruna, disfrutando cada metro que el abono animal ganaba a la maleza, convirtiéndola en campera. Esta recuperación llevó muchos años y deberíamos potenciar que la próxima generación siguiera queriéndolo y cuidándolo. Pero estas polémicas decepcionan a los pocos que en un futuro ejercerían esta profesión pasional y supongo que fundamental.
Si desaparecemos, para los que pretendan pasear campo a través por estas tierras, no sufran por el ruido de la desbrozadora al abrirse camino, no molestaran a ningún animal, como mucho puede que sobreviva algún lobo-perrotonto reciclado en vegetariano comedor de matos.
Tampoco debemos preocuparnos en exceso por el incierto futuro de esta España y sus tierras, siempre nos quedará la tranquila subsistencia. Peor lo deberían llevar los que dependen de nuestros impuestos y nuestro consumo para la superexistencia.
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

