Si no lo digo, reviento
En la segunda vuelta es posible que el delincuente vaya detrás del agente de la autoridad encargado de garantizar el orden público, por lo que es de suma importancia situarse en el inicio de la carrera y no olvidar quién propició el maratón.
Son tantas las veces que reflexiono sobre los acontecimientos raros que últimamente se dan en nuestro país que ya mi mente se resiente con la fatiga, por lo que no tienen que avalar al cien por cien mis opiniones.
Cavilar es bueno, y la mayoría de las personas lo hacen; pero, lógicamente, hay una minoría que rumian poco y cuando lo hacen no coinciden en las conclusiones que sacan con el sentido común. Entre estas últimas excepciones se me antoja pensar que algún magistrado que navega a sus anchas, a mi parecer, solamente se queda con el final de la película o su afinidad con ciertos sectores de la sociedad española le impide actuar de forma imparcial.
La correlación, en sí, no es mala, y hasta es loable cuando se aúnan los correligionarios para solventar un mal común, o intentarlo; pero lo que pretende o deja entrever este señor de la judicatura es todo lo contrario. Su fallo, relacionado con el intento de ningunear a los representantes elegidos legalmente por el pueblo español y ocupar sus escaños en el Parlamento, es, por lo menos, una pretensión de anular por la fuerza al poder legislativo. Este fallo, después de que se haya revelado el paquete de diligencias previas, con las pruebas fehacientes adjuntas, sí que es un verdadero fallo; pero con pleno significado en su segunda acepción.
¿ Qué lámpara iluminaría a este respetable para pensar que la Policía se había pertrechado en la Carrera de San Jerónimo y que, por casualidad, llegaron aquellos infelices?..., solamente se lo creerá él, bueno, por supuesto, también todos los que soslayando las normas democráticas y amparándose en ellas, para decir que la Carta Magna les reconoce el derecho de manifestación, salen todos los días a la calle, auspiciados por algunos políticos, con el fin de suplantar la voluntad mayoritaria de los españoles y proyectar al exterior la deleznable imagen que creen les servirá para alcanzar sus objetivos sin medirse en las infalibles urnas.
Si no lo digo, reviento. ¡Vaya ejemplo, vaya espectáculo y vaya forma de manifestarse de forma belicista, en casa, los que antaño decían defender la paz en el exterior y no movieron ni un solo dedo cuando se estaba gestando la desgracia económica que ahora arrastramos!
A usted le vuelvo a hablar, señor. Por favor, no haga el ridículo ante sus compañeros del Poder Judicial, y si su corta inteligencia, que no su preparación, no le deja ver el daño que a esta sociedad está causando, pida perdón, deje su oficio, y con esa nueva actitud, créame, haría un gran favor al gran organigrama nacional y hasta algunos catalanes y vascos se sentirían más a gusto dentro de este gran proyecto llamado España.
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