Los extravagantes derroches de Vallina
La extravagancia, por mucho que el diccionario de la Real Academia se empeñe en negarlo, es muy común en ciertos sectores de las sociedades occidentales, abunda especialmente y con mayor densidad en los ambientes políticos consolidados, y ya no digamos si el electo, además, tiene asiento o acomodo presidencial.
La orientación política de Vallina hacia el despotismo iletrado está a punto de meter al Ayuntamiento de Castrillón en un callejón sin salida económica. Delirio, ofuscación, ceguera, obsesión, necedad, terquedad, maximalismo, son, todos ellos, términos definitorios del carácter jacobino de esta señora a quien los socialistas y, lo que es peor, altos dirigentes de la coalición llevan años permitiéndole todo tipo de excesos políticos. Es de suponer que esta última actuación judicial será la gota definitiva que relegue a doña Ángela al ostracismo. De no ser así, de seguir encaramada al poder de la administración vecina, al capítulo de gasto corriente habrá que añadirle un fijo para pagos por irresponsabilidad política.
Actúa con el dinero de los contribuyentes con la temeridad de un jugador de póker. Pierde mano tras mano sin afectarle al sentido de la prudencia. Insiste en el error una y otra vez con la obstinación del necio. Trabajadores, empresarios y vecinos, son beneficiarios de los dislates contencioso-administrativos de la alcaldesa. Lejos de aprender de la equivocación se ofusca en apelaciones absurdas que solo hacen encarecer los pagos. La estrategia de ganar tiempo al desenlace definitivo sangra al parroquiano que ve sumirse los fondos contributivos en gastos de apremio.
La pandemia económica que azota con mayor virulencia a la clase trabajadora, sector mayoritario en sus dominios a pesar del rol burgués atribuido a Salinas, no le hace observar un mayor grado de sensatez en la administración de los fondos públicos. Todo lo contrario. Parece estar desprovista de cualquier atisbo de conciencia social.
Para Ángela Rosa Vallina de la Noval, sea o no cierto, la culpa siempre tiene la identidad del oponente político. Ella se lava las manos protegida por Orviz, autor intelectual de la corriente recién creada para alzarse con la jefatura del partido en Asturias y de la que la insigne alcaldesa es miembro numerario. Dónde quedó la pureza ideológica de esta coalición. Dónde las voces por el cambio. Y, sobre todo lo dicho, ¿dónde está el cambio?
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