Las pensiones y sus voces de silencio
No nos cansaremos de escribir e insistir sobre las percepciones de jubilación y sus connotaciones; estimamos de justicia social todo lo bueno que a ellas concierne.
Metidos ya en la segunda quincena de octubre, décimo mes del año, los pensionistas desconocen aún si sus mensualidades serán ajustadas adecuadamente al coste de vida, el próximo año 2013. A estas alturas, lo único que se tiene muy claro es que la inflación, el imparable incremento de los precios al consumo, se mueve en cotas elevadísimas, por lo que cualquier movimiento que no sea subir las prestaciones contributivas de las que viven más de ocho millones de españoles supondría otro duro revés. Sobre todo, porque desde hace ya varios meses están pagando a diario el alza del IVA o porque, vía copago, los medicamentos se han encarecido para ellos casi un veinte por ciento.
La única promesa –nos inclinamos a pensar bien– es que se cumplirá la ley. La legislación vigente determina que habrá que compensar a los jubilados, las viudas, los incapacitados y otros prestacionistas en el porcentaje que suba el IPC, que este año es por encima del 1%, y ya a finales de septiembre estábamos en el 3,4%. Es decir, que para compensar la desviación de 2,4 puntos el Estado tendría que desembolsar, como mínimo, alrededor de 5.000 millones de euros relativos a este año y situar la ganancia de renta en el próximo.
Pero el Gobierno, muy cucamente, está tratando de cambiar esa referencia, inventando un IPC que se olvide del IVA al 21%, e, incluso, se plantea excluir de la ecuación el coste de la energía, que es actualmente el sector que con sus continuas oscilaciones al alza más está influyendo en el IPC.
El presidente Rajoy, a nuestro modesto entender, debería olvidarse primordialmente de los resultados y las consecuencias que puedan derivarse del 21-O, cita electoral en el País Vasco y Galicia, y explicar detalladamente a todos los españoles qué va a pasar con las pensiones y no esperar a hacerlo en una de sus salidas al extranjero, como en otras ocasiones ha pasado. No es justo que el amplio grupo de jubilados, a los que realmente concierne, y mucho, sufran el desasosiego y la inquietud que produce esta ocultación.
Por eso, presidente Rajoy, con lo que está pasando este colectivo en este aciago año 2012, se ha hecho merecedor de, además de una respuesta inminente, establecer una revalorización positiva y decorosa.
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