¿Educación pública?
Agradecemos la posibilidad que nos aporta esta sección del periódico para poder, de este modo, expresar nuestras opiniones y demandas.
Como alumnas de la enseñanza pública que somos, son muchos los motivos que nos mueven a redactar esta carta.
Es más que cuestionable que la enseñanza en España se considere pública: la subida de los precios supone para los alumnos y familiares un gran desembolso que algunos no pueden permitirse. Por otra parte, opinamos que la nueva reforma supone un coladero de discriminación selectiva, en la que no todos los alumnos pueden formarse en su totalidad.
El hacinamiento del alumnado por aula conlleva un descenso de la calidad educativa. Los profesores no pueden prestar la atención necesaria con tanta eficiencia como antes.
Y eso afecta al punto tratado anteriormente.
Ponemos entre interrogantes la necesidad de algunas de las nuevas asignaturas, frente la importancia que sí tienen otras materias de las que se está prescindiendo, como el Griego o la Historia del Arte. Incluso se ha llegado a plantear la nulidad del Bachillerato Artístico.
Finalmente, la oportunidad que suponían para muchos de nosotros las becas «Erasmus» se ha visto truncada debido a los recortes que dificultan el acceso a ellas.
Por todo ello, consideramos que la educación pública, como aspecto de máxima prioridad en nuestro país, ha de continuar siendo de calidad, independientemente de las estrecheces económicas que el país padece.
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