La sorprendente razón de por qué se venden menos libros
Ni la gente lee menos, ni la piratería se está comiendo el sector, ni siquiera el libro electrónico canibaliza lo suficiente para explicar la caída de ventas del libro impreso en el mundo. Sí, en el mundo. Porque esto no es un fenómeno local debido a nuestra particular crisis doméstica.
Los datos son enrevesados, sobre todo cuando se intenta tener una visión global, pero podemos hacernos una idea con una interesante estadística para EE UU que muestra una caída de 20.000 millones a 15.500 en siete años (http://www.fonerbooks.com/booksale.htm). Obviamente, hay estudios menos pesimistas, pero, para no entretenernos, vale con decir que las estadísticas más optimistas del sector dicen que los libros electrónicos están compensando la caída del libro impreso y que las curvas de ventas son planas en los últimos años. Teniendo en cuenta que el mundo está pasando de una cultura de la azada a una del conocimiento, y que sigue creciendo demográficamente, esto no es nada alentador para el libro.
Seguro que hay múltiples razones que contribuyen a explicar este fenómeno, pero voy a hablar de la más desconocida y, a mi juicio, la que realmente está condicionando el futuro del libro.
Reflexionemos un momento sobre cómo tomamos nuestras decisiones habitualmente, por ejemplo a la hora de decidir cómo queremos resolver un problema profesional, qué queremos hacer el próximo verano o saber qué dijo exactamente César al reconocer a Bruto entre sus asesinos. Hoy en día nuestra respuesta será, casi unánimemente, lo miramos en internet.
¿Y qué nos aparecerá? Mucha información. Webs, blogs, wikis, foros y vídeos, algunos medianamente especializados, la mayoría, sin embargo, con información superficial y poco contrastada.
¿Y el libro?¿Dónde quedan los cuidados textos de nuestros mejores especialistas? ¿Dónde está el rey del contenido? ¿No debería aparecer en primer lugar en casi cualquier búsqueda?
Haga una prueba. Introduzca en un buscador, por ejemplo, la palabra Titanic. ¡Sorpresa!, en Google España no encontrará ni un libro entre los cien primeros resultados. Sin embargo, sólo la Casa del Libro tiene más de veinte obras en el mercado que contienen Titanic en su título: «Rescaten el Titanic», «Los diez del Titanic», etc.
El libro no está en internet, salvo si se busca expresamente con el título completo o agregando «libro» (o, por supuesto, yendo a páginas especializadas). Casi nunca te lo encontrarás por casualidad. Y ese es el problema.
Antes de internet, la biblioteca o la librería eran el primer lugar al que acudir para encontrar información. Ahí el libro se cruzaba con nosotros de manera natural y nos ofrecía sus servicios: el tratado técnico, el relato de viajes o el Julio César de Shakespeare contestaban a nuestras inquietudes. Eso hoy ya no ocurre, internet nos da ese servicio. Pero, la alternativa de calidad, el libro, no aparece. Y como no aparece, no lo compramos cuando más dispuestos estaríamos a hacer un esfuerzo por adquirirlo.
Si quiere saber cuál es la verdadera competencia del libro olvídese del e-book, la tele o las maquinitas y mire de frente a webs, blogs, foros y demás contenidos accesibles y gratuitos. Éstos son los que acogotan al libro, tanto al impreso como al electrónico.
En resumen, el libro no aparece cuando lo necesitamos y, por eso, cada día se usa y se vende menos. Y nadie parece haberse dado cuenta.
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