Jugar con fuego

26 de Octubre del 2012 - José Galán Arias (Oviedo)

Cataluña es una comunidad que muchos conocemos, admiramos y a la que siempre apetece volver, exactamente igual que a cualquier otro territorio español.

Toda España festejó la Exposición Universal de Barcelona de 1888. Todos seguimos puntualmente y nos alegramos hasta el máximo con el éxito de los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992 (naturalmente pagados en su mayoría por el Estado así como el costosísimo Plan EDO que durante muchos años formó a los deportistas españoles que luego brillaron como nunca en Barcelona) y media España vibra todas las semanas con el fantástico club de fútbol barcelonés. Valgan sólo estas tres citas como representativas del cariño y atención que el común de los españoles presta a sus conciudadanos catalanes.

Por tanto, de ninguna manera se entiende esta voz constante de la Cataluña oficial que, como niños que rompen a hablar, miagan "España no nos quiere, España no nos quiere". Esa salmodia plañidera ya no cuela. Y, por si fuese poco, ahora estamos con la matraca de la independencia; de esa vergonzante petición de amparo a "Europa", como si España fuese la Antártida, ante su temor de que los carros de la Brunete se paseen por la Diagonal tras arrasar el Camp Nou; de un edil que vio pasar sobre su pueblo unos cazas y creyó que se iniciaba un nuevo Guernica. Lo dicho: desde el sentido común, no se entiende nada de nada.

Entre tanto, el presidente de la Generalidad arroja el guante a la cara del presidente de la Nación en un gesto chulesco que más tiene de baladronada decimonónica que de otra cosa y arenga a sus conterráneos a cruzar el Sinaí que les lleve a la "Europa" prometida, cosa que en este momento es imposible de toda imposibilidad.

Como consecuencia de todos los hechos que estamos viviendo ya existe en buena parte de España un sentimiento anticatalán que es nefasto para todos y, que si la pretensión secesionista continúa irá a mucho más con todas sus consecuencias. El país no está para la más mínima broma; estamos navegando a la deriva en pleno cabo de Hornos; la ciudadanía está a punto de estallar en cualquier momento. Por tanto, uno cree que, si además del drama que estamos viviendo, se habla de rebeldía ante la Constitución, órdagos al Estado, armas, ocupaciones, acciones militares, etcétera, se está jugando con fuego, con un fuego muy intenso que se puede desarrollar en cualquier momento y con consecuencias imprevisibles.

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