Asentar una tradición en Pola de Siero
Las tradiciones son la herencia cultural y el más preciado tesoro que un pueblo debe conservar, proteger, potenciar y mantener. Los polesos –tan amantes de nuestras tradiciones– tenemos que reconocer que no hemos sabido mantener antiguas celebraciones o asentar su tradición, como la del Cristo de Santana, que tiene su celebración en la última semana del mes de septiembre, cuya imagen es bajada el penúltimo viernes desde la capilla hasta la iglesia parroquial, donde se celebra la novena en su honor, que culmina con la subida de la imagen del Cristo en solemne procesión en la tarde del domingo. Procesión multitudinaria muy emotiva y brillante por las calles de la villa, con un cortejo de peregrinos llegados desde todos los rincones, devotos de todas las edades amortajados, descalzos, con velas en la mano y con la fe en el Cristo, acudían a esta cita anual para realizar la tradicional caminata acompañando al Divino Crucificado hasta su ermita, cumpliendo promesas o en solicitud de amparo.
La fiesta del Cristo de Santana se mantiene, pero la pretendida modernización de las costumbres provocó cambios en la celebración y la tradicional procesión del Cristo en su retorno a la capilla, pasó a la mañana del domingo, lo que resultó altamente lamentable, las calles dejan de ser lugar de concentración de gentes llegadas desde todos los rincones para acompañar al Cristo en día tan señalado. Aquí, un dato sociológico muy a tener en cuenta y difícil de explicar, era que tal como nos encontremos en lo que se refiere al espacio que en nuestras vidas ocupa la religión, que una procesión como ésta, celebrada en la tarde del domingo y a una hora impropia, en el sentido de que se podía estar en otro tipo de manifestaciones, como son las siete y media de la tarde, atrajera a tanta cantidad de gente de todas las edades, era una cosa muy a tener en cuenta, que en la pretendida modernización de las costumbres no se tuvo.
Además hay cosas que afean, o al menos turban los indudables encantos que tenía esta procesión del Cristo de Santana. Uno de ellos es que no acudan las autoridades para honrar una tradición cuyo hondo significado va más allá del papel que ocupe o deje de ocupar el clero en nuestra sociedad. Otro motivo es que el Cristo no es portado a hombros como manda la tradición, y tras el victorioso paseo por las calles, el soporte móvil que lo desplaza no llega hasta le capilla, como tradicionalmente se hacía cuando hombres orgullosos portaban sobre sus hombros la imagen que, escoltada por sus fieles devotos y en solemne procesión, llegaba al umbral del pórtico de entrada a la capilla donde se entonaba el himno de este Cristo que tiene letra de José Castañón y al que le puso música el maestro Embil; completaban allí, no lo hemos podido olvidar, los versos que Joaquín Vigil les ponía la voz, nada mejor y más hermoso como final que percibir los sentimientos de un poeta que reza al «Cristo Santana». Con el cambio, lo que gana en comodidad, pierde en esa magia que tenía esta procesión, los versos no están prohibidos, pero sí en el limbo, y después de las ultimas oraciones y del podéis ir en paz, dejamos el Cristo en la calle, en el soporte móvil hasta ser reintegrado en la capilla, se registraron tiempos de 29 minutos, dando lugar a una estampa nada emotiva para la retina de los allí presentes, y quiero hacer constar, porque lo oí sentir entre los asistentes, el comentario libre respetuoso y sincero de muchos polesos que aman su pueblo sus costumbres y tradiciones, reivindicar la postergada procesión del Cristo que fuera orgullo de muchas generaciones, fundamental su cofradía, que ya su creación resultó clave en la devoción de esta imagen, una de las más veneradas del concejo, a la que de debe seguir nutriendo, celebrando y testimoniando, siempre libre y a salvo de relativismos y modas convencionales.
El fundamento del cambio lo desconocemos, pero considerando que respetando la historia, la costumbre, la tradición y aun el sentimiento, la procesión del Cristo no puede tener otro emplazamiento que el que ocupo siempre, la tarde del último domingo de septiembre. Y los polesos, si tanto se les llena la boca cuando hablan de defensa numantina de sus tradiciones, aquí tienen 1a oportunidad de demostrarlo.
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