El peligro de pasear por la senda del río Nora
Como usuario habitual de la senda peatonal del río Nora, un pequeño circuito de apenas 2 kilómetros de longitud que discurre por ambas riberas del citado cauce fluvial, a horcajadas entre los concejos de Siero y Oviedo, por cierto muy frecuentada por personas de cierta edad ya que, a pesar de algunas carencias, ofrece un entorno agradable y adecuado para la práctica del ejercicio físico moderado, en cualquier época del año, quiero hacer una pública llamada de atención a los responsables del mantenimiento de este área de recreo por el peligro que representa, en determinadas situaciones, cruzar los dos puentes metálicos que salvan el río en la zona situada más al este de la senda. Así como en la primavera y verano, con temperaturas altas y terreno seco, no existe ninguna dificultad, las cosas cambian radicalmente con el terreno mojado y temperaturas bajas. En estas últimas condiciones, los citados puentes, de construcción en arco con tablero metálico, presentan una superficie altamente deslizante y constituyen una auténtica trampa para el tránsito de las personas, asunto que ya ha generado bastantes incidentes y algunos accidentes. En algún momento, mucho tiempo atrás, se les había aplicado una capa antideslizante de la que apenas quedan algunos vestigios que ya no ofrecen ninguna protección. Hasta ahora, y hasta donde yo conozco, los accidentes que se han producido no han pasado de leves, pero, cumpliendo con las estadísticas, si no se toman las medidas adecuadas, podemos tener que lamentar, más temprano que tarde, alguno grave; después, como siempre, vendrán las lamentaciones, cuando ya no haya remedio.
Está claro que el ejercicio físico, realizado de forma regular, contribuye de forma notoria a la mejora del estado general de las personas, y el caminar, por ser una práctica que exige muy pocos medios y un limitado esfuerzo, es muy socorrido y adecuado a prácticamente cualquier edad; por esta razón, cada día más, las sendas peatonales, que se distribuyen generosamente por nuestra geografía, acogen a un mayor número de paseantes. Problemas como la hipercolesterolemia, hiperlipidemia, sobrecarga ponderal, entre otros, buscan algún alivio a través del diario paseo por cualquiera de estas rutas; lo que no podemos tolerar es que, por pura negligencia de algunos, presuntamente responsables, lo que se pudo iniciar como una agradable y saludable jornada se trueque en lo que menos se busca. Eliminar obstáculos y condiciones que pueden resultar peligrosas para los usuarios, no es sólo una necesidad; es, sobre todo, una obligación y, cumplirla, un deber.
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