Del cambio al hundimiento
Cuando yo era joven, melenudo y protestón creía que la clase política habitaba un universo muy poco parecido al que yo tenía por mío. Treinta años después –¡cómo pasa el tiempo!– ya no lo creo; ahora lo sé. También sé que lo que expreso a continuación viene demandado por una actitud crítica que rara vez se vislumbra en la derecha.
Asombra comprobar la tenacidad con que niegan la realidad los cuadros dirigentes del PSOE –un decir– personalizados en su mayor dirigente el señor Pérez Rubalcaba. Qué digo personalizados; si esto empieza a parecer una caricatura. Ante la desafección progresiva del electorado progresista ellos se enrocan sobre sí mismos y el secretario general esgrime el inconsistente argumento de que tiene el apoyo de los compañeros; ¡toma no, como que son parte de la misma ceguera!, ¿acaso no caminaban ya de la mano desde el congreso de confirmación?, ¿desde el gobierno anterior?, ¿desde otros gobiernos de antes y antes? Lamentablemente el PSOE cada día se aproxima más a la gerontocracia que se hundió tras el telón de acero. Ellos se apoyan hasta el infinito y más allá y están encantados de conocerse.
Lo desalentador es que esta desconexión irremediable dejará sin respuesta representativa a una buena parte de la sociedad española que se alejará más del equilibrio necesario para una nación con legítimas aspiraciones y otros recogerán el botín, las migajas se dispersarán y será la hora de charlatanes desalmados, nacionalistas regenerativos y, en fin, acaso una pléyade de opciones más o menos bienintencionadas.
Recuerdo cuando era el partido del cambio. Ahora tendrán el honor de pilotar la nave sin frenos contra el muro de hormigón del otro lado del túnel, mientras ellos, inconscientes, en la cabina de mando brindan en un coctel al que sólo ellos están invitados.
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