Más por menos puede ser menos
Medio en broma, medio en serio; entre comentarios y disquisiciones, recientemente un amigo con mucho sentido común me dijo: "Si se convocara referéndum en toda España sobre la independencia de Cataluña, ten por seguro que saldría que "sí" en todas las comunidades autónomas excepto allí, en Cataluña". Ello me hizo pensar sobre la cuestión, y, bien meditado, llegué a la conclusión de que también los catalanes deberían plantearse si el resto del pueblo español está dispuesto a seguir soportando a Cataluña. Porque el planteamiento catalanista de "solos vamos a estar mejor" también es válido para el resto de España, aunque en sentido contrario.
Quizá los amigos de la independencia catalana no se hayan parado a pensar esto, ya que si ciertamente Cataluña llegara a emanciparse, perderíamos sus impuestos, sus playas, parte del Pirineo y hasta una frontera con Francia. Pero también se irían con ella su deuda, las continuas trabas y condicionantes que ponen a la política nacional; sus pensionistas, sus parados, sus enfermos, sus traductores... Además, fuera ya del euro, su moneda -¿sería el catalonio?- sería devaluada y les podríamos comprar más barato lo que producen. Muchas empresas trasladarían su sede y su actividad a otros puntos de España, donde crearían empleo y riqueza, ya que playa y monte nos sobran por otros lados. Bien pensado, no está mal que se vayan.
El otro día veíamos al Rey saludar a Arturo Mas en la Conferencia de presidentes autonómicos y Arturo (más o menos) me recordó a mi sobrina María, que dice que se quiere ir de casa porque no aguanta más a sus padres, y su progenitor, tomándoselo a cuchufleta y riéndose de forma cariñosa, como pensando en el tema, le dijo: a que no pasas del portal.
Y es que, en definitiva, bien pensado, Cataluña sin España y España sin Cataluña serían una realidad entristecida, infantil y aburrida, y hasta irracional. Porque, si se van, ¿de quiénes van a intentar separarse a partir de entonces? Con lo bien que lo estamos pasando jugando al "quiero más autonomía que soy especial".
Quizás algún día, aunque la pela siga siendo la pela, los independentistas catalanes madurarán y se acabarán las tonterías. Pero, mientras tanto, ¿les damos un susto y les decimos que sí, que se independicen?
Si mañana el Congreso decide darles la opción de ser independientes (eso sí, con todas sus consecuencias), seguro que dicen que no, que era una broma.
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