Adiós a la sociedad del ocio
El Gobierno del PP pretende pasar los festivos que caigan entre semana al lunes. En principio, no parece mala idea, si la fiesta que cae en miércoles se traslada al lunes posterior. Pero, evidentemente, si algunas fiestas que caigan en martes o jueves pasan al lunes, la consecuencia es que los puentes se reducirán.
Conviene precisar la etimología de la palabra «trabajo», que procede del término latino «tripalium», que era un instrumento de tortura que se utilizaba para obligar a los esclavos. También procede del latín la palabra «negocio» cuya etimología es «nec-otium» o, lo que es lo mismo, negación del ocio, que se aplicaba a aquellos que se dedicaban a aumentar sus rentas derivadas de las actividades comerciales. Pues bien, en un país como España, donde el 63% de los trabajadores por cuenta ajena cobran menos de 1.000 euros y tienen un índice de paro alrededor de seis millones de personas, no me parece muy acertada la medida que se propone.
En una sociedad moderna, donde casi todo se va automatizando, el paro es estructural, porque no puede haber nunca pleno empleo si a los trabajadores no se les reduce la semana de cuarenta horas. Además, en España no se trata de trabajar más horas, sino de aumentar la productividad y la eficiencia en las horas de trabajo, y eso se lograría con trabajadores altamente motivados.
¿Cómo se podría conseguir que los trabajadores fuesen más productivos? Nos decía Aristóteles que el fin último de la acción es la vida contemplativa, la vida ociosa; sustituyendo la cantidad por cualidad. Para disfrutar de la vida no es conveniente vivir para trabajar, sino trabajar para vivir. Las sociedades tecnológicamente avanzadas están tomando el camino contrario, hemos avanzado mucho tecnológicamente pero culturalmente estamos muy atrasados. Para ello deberíamos cambiar el sistema económico vigente, basado en el consumismo y adoptar una nueva escala de valores en la que lo principal fuese el ocio y no el trabajo; que pasaría a ser un mal necesario y no lo fundamental. La productividad mejora cuando se trata a los trabajadores como seres humanos y no como si fuesen neosiervos para que no sean felices en su trabajo. Cuando en una empresa se recorta cada poco la plantilla, se acaban produciendo menores beneficios y una productividad descendente. Como comenta el sociólogo Richard Sennett: las razones de este fracaso son en parte evidentes: la moral y la motivación de los trabajadores bajaron en picado con los diversos recortes. Los trabajadores que sobrevivieron se quedaron, más que exultantes por una victoria competitiva frente a los despedidos, esperando el nuevo golpe de hacha. Trabajo cortoplacista, sin alicientes, seguir produciendo para poder seguir consumiendo, ver que nunca se llega a ninguna parte porque nos están retirando las pocas seguridades existenciales que teníamos.
No nos debemos dejar arrebatar el poco ocio del que disponemos, que no puede ser el privilegio de unos pocos triunfadores, sino que todos tenemos derecho a descansar de períodos prolongados de trabajo. El ocio tiene que ser activo y para ello se debería trabajar cada vez menos horas, para que podamos desarrollar nuestro espíritu, nuestra inteligencia emocional y afectiva, el hedonismo, dedicar tiempo a la familia, la tertulia, los amigos y nuestras aficiones. No se puede aceptar mansamente que nos quiten los puentes destruyendo nuestros alicientes, porque nos arrebatan lo más gratificante: la organización de nuestro tiempo para ociar.
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