Yo lo estropeo, yo lo arreglo
La Fundación Amancio Ortega ha donado veinte millones de euros a Cáritas. Es una buena noticia para los pobres y parece una buena noticia para Cáritas, pero servidor diría que es mejor noticia para don Amancio que para Cáritas. Quizá sean más los lectores que disienten que los que concuerdan con esta opinión, pero este presidente de una de tantas Cáritas parroquiales considera que nuestra querida institución caritativa debería haber rechazado el donativo de don Amancio. Ya no son una ni dos, sino un montón las denuncias que pesan sobre alguna de las empresas del señor Ortega, por las condiciones laborales que sufren sus trabajadores. Y no debemos dejarnos utilizar por millonarios que buscan pagar menos impuestos y lavar su imagen. En la misión de Cáritas, además de la atención efectiva y afectiva a los necesitados, se incluye la denuncia de las situaciones que generan pobreza. ¿Con qué cara vas a denunciar los sueldos basura, los horarios inhumanos o la esclavitud infantil, si por detrás aceptas las limosnas de los responsables de esas injusticias? Y no es menester argüir que se acepta el donativo pensando en los pobres, pues, de negarse Cáritas, no iban a faltar organizaciones caritativas que aceptasen tan suculenta dádiva. Pero se supone que los directivos de Cáritas deben tener más prudencia y menos estómago que los de las ONG no católicas.
El caso es que los económicamente poderosos tienen la misma manía que los políticamente poderosos: primero crean el problema y después se ofrecen para arreglarlo. Y encima parece que tenemos que aplaudirles. Aquéllos crean pobres, «deslocalizando» empresas, pagando sueldos de miseria y hasta empleando a niños... y después les ofrecen donativos más o menos suculentos a los pobres que ellos mismos generaron. Los gobernantes derrochan hoy dinero público en gastos suntuarios, sin haber cubierto previamente las necesidades básicas de los ciudadanos, y mañana se ofrecen a solucionar lo que ellos mismos estropearon. Y en esto tampoco hay diferencias entre banderías: los «populares» de Oviedo nos trajeron ayer nada menos que 18.000 farolas y nada menos que desde Miranda de Ebro; hoy les recortan dos o tres bombillas a cada una. Los socialistas del Principado crearon ayer el IDEPA y hoy le dan la patada a la cuarta parte de los trabajadores; ahogaron ayer a varias televisiones locales para crear la innecesaria TPA y ahora le pegan a ésta un buen recorte. Y qué te voy a decir que no sepas de los Museles, Hucas, Calatravas, Nieméyeres y demás «mareas»...
Lo que tiene mal arreglo es lo de las absurdas muertes de personas jóvenes, verbigracia las cuatro chicas que murieron la madrugada del día 1 en Madrid. Ahí ni siquiera se da lo del «yo lo estropeo, yo lo arreglo», porque casi nadie quiere reconocerse culpable y casi nadie aporta soluciones radicales al problema. Cuando son varias las víctimas, hay un simulacro de debate nacional, pero la sociedad parece ya resignada a que se dé este goteo semanal de muertes absurdas de jóvenes: ora por la bebida, ora por la droga; ora por robar, ora por no dejarse robar; ora por accidente, ora por reyertas varias... Saber divertirse requiere también un aprendizaje, pero en este caso la escuela debe ser, sobre todo, la familia, y desgraciadamente está siendo más bien la calle. Y en la calle, y especialmente en las horas nocturnas, mandan los hijos de las tinieblas, que han conseguido ir inculcándoles poco a poco a los jóvenes que no hay verdadera diversión si no se alarga hasta el amanecer; que no hay verdadera diversión si no va aliñada con alcohol u otras sustancias; que cuanto antes se inicien en la noche y el sexo más van a disfrutar de la vida; que cuanto más multitudinaria sea la fiesta más se divertirán; que la calle es suya y pueden dar en ella alaridos a la hora que sea, tirar por el suelo botellas y vasos, hacer sus necesidades y hasta pelearse... Mientras estén vigentes estos principios en el subconsciente de los jóvenes, seguiremos enterrando jóvenes: unos mueren físicamente, otros vagan como muertos vivientes... Afortunadamente también hay jóvenes, los menos pero ahí están, que conservan la cabeza encima de los hombros. En ellos confiamos para iniciar la remontada.
José Manuel Fueyo Méndez, párroco de Nuestra Señora de Covadonga,
Oviedo
Debe rellenar todos los datos obligatorios solicitados en el formulario. Las cartas deberán tener una extensión equivalente a un folio a doble espacio y podrán ser publicadas tanto en la edición impresa como en la digital.
Las cartas a esta sección deberán remitirse mecanografiadas, con una extensión aconsejada de un folio a doble espacio y acompañadas de nombre y apellidos, dirección, fotocopia del DNI y número de teléfono de la persona o personas que la firman a la siguiente dirección:
Calvo Sotelo, 7, 33007 Oviedo

